lunes, septiembre 06, 2010

Sabores escondidos

La hora de la comida la marcan los abuelos que son los únicos que saben qué es, en verdad, el Hambre. Alcanzan la mesa que les está reservada con pasos cortos. Sobre la cabeza de él una mascota y sobre la mascota, otra: una especie de loro exótico y verde.
Es, sin duda, la hora de la comida y aquí, lo que hay, es lo que ha dado el mar esa mañana. Eso y un plato de patatas fritas revueltas con huevo y pimiento o tomates con ajo y sal. Poco más. Todo lo que no está en la lista, o sobra o, simplemente, no llega al más inaccesible de los chiringuitos en primera línea de una playa que el invierno ha estado a punto de destrozar.
Aquí todo sabe distinto, como más intenso. Incluso un simple y delicioso tinto de verano con vistas al Atlántico.

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