viernes, septiembre 10, 2010

Preguntas para Garzón

"¿Usted cree estar siendo víctima de una persecución política?", le preguntó al juez Baltasar Garzón una compañera. Él respondió tranquilo, como aburrido de todas las veces que le habrán hecho esa pregunta. Vino a decir que no, con la humildad que lo ha hecho siempre el juez más obsesionado, precisamente, con las víctimas de otra persecución política. En ellas pensaba yo cuando tuve delante a Garzón. Un poco también, influenciada por la lectura del libro El corazón helado de Almudena Grandes que tantas lágrimas me está arrancando. Tocaba preguntarle a Garzón por la investigación que ha pedido sobre sus cuentas bancarias un juez del Tribunal Supremo que sostiene que hubo tremendas contradicciones en la primera intervención de Garzón. Para eso venía él. Para hablar. Justo el día que, en Valverde del Camino, se le nombraba Hijo Adoptivo. Porque es un ayuntamiento del PSOE y porque aquí comenzó su carrera este super-juez. Un día que él volvía a la tierra donde dictó sus primeras sentencias, que tenía que haber sido un día de fiesta de principio a fin y se conviertió en otro de jodienda. Habló seguro, con mucha firma, pero dolido. Aseguró que todo esto le está causando daño a él y su familia. Recalcó su inocencia, dijo no haber cobrado nada más allá que lo pactado y pidió que esta investigación no sirviera para airear su intimidad. Apuntaba rápido sus palabras, me aseguraba de que todo se estuviera grabando correctamente y casi no me di cuenta de que estaba siendo testigo de la Historia. Porque si algo está llamado a ser el juez Garzón es un personaje histórico. Lo será. Por muchas cosas. También por este vapuleo al que está siendo sometido. Para hacer la Historia hay que pasarlo mal. Muy mal. Porque son muchos los que quieren su cabeza en una bandeja. Los que desearían que abandonase sus propósitos. Que no mezclara Justicia e Ideología. Pero ya es tarde. El camino se está andando y este hombre seguirá dando pasos.

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