lunes, septiembre 27, 2010

El corazón de Doñana

"Llevo treinta años viviendo aquí". Me ha dicho Álvaro. "Venga, ya", le he contestado, "Tú no eres tan mayor". "Nací aquí", me ha replicado. Entonces he recordado la bicicleta de niño que he visto apoyada en la puerta de una de las casas de este paraíso, en el corazón de Doñana. Cuando, un par de horas después, uno de los subdirectores de la Estación Biológica del CSIC me ha dicho que era de Almonte, le he confesado: "Pues eres la segunda persona más afortunada del mundo. Sólo te gana Álvaro, el guarda". Y es que Álvaro, que asegura que cada año se cruza con menos linces, se ha criado en una de las casas junto del Palacio de Doñana, ha ido al colegio en Matalascañas, al instituto en Almonte y apostó por la Biología, puede que para quedarse, ya para siempre, en su propia casa que a mí, lo repito, me parece un paraíso. Por eso, en toda esta jornada de trabajo, no se me ha quitado la sonrisa de la cara ni la ilusión del espíritu. Entre otras cosas, porque la última vez que me metí en esta tierra por este lado del mapa iba de la mano de mi padre y de eso ya ha llovido, aunque no lo suficiente.
P.D: Tenía ganas de hacerme esta foto con este señor. No sólo porque haya sido director de la Estación Biológica de Doñana, ni porque no pueda negar ser hijo de quien es. También porque es un hombre entrañable, uno de los mayores amantes de la Naturaleza que he conocido en mi vida, siempre accesible para los periodistas y porque una mañana, en la sede de la Rábida de la UNIA, la camarera le puso un café tan caliente que, al separárselo de los labios, se quejó: "Huelva es el lugar donde más caliente te ponen el café del mundo". Y yo solté una carcajada porque, viniendo de Miguel Delibes, no puede ser otra cosa más que verdad.

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