jueves, septiembre 02, 2010

Café de velador

Creo que entonces yo ni siquiera tomaba café. Puede que cometiera la horterada de pedirme un refresco de cola. Lo que es seguro es que en una de estas sillas tuvo lugar mi encuentro con uno de los pocos escritores con los que he tenido la suerte de pasar una tarde hablando de Literatura.
José María Vaz de Soto aceptó la invitación que una estudiante de cuarto de Periodismo le hizo. Nos citamos por teléfono. Una conversación en la que él propuso el lugar y yo propuse el tema: Federico López Pereira. Cuando esta mañana he pasado por esta cafetería no he podido evitar recordar aquella agradable entrevista, que dejó de serlo a los pocos minutos para convertirse en una auténtica clase magistral (no sólo sobre la figura de este escritor desaparecido sin pena ni gloria, también de todos los hilos con los que se tejió el paño de los narraluces).
Me gusta pasear por aquí y hoy he aprovechado mi cita con el gran González Quiles para volver a hacerlo y, al pasar, parece que las hojas del enorme árbol que les da sombra a los veladores me han traído los ecos de la preciosa voz de Vaz de Soto.

2 comentarios:

Miguel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miguel dijo...

de grande, nada de nada, compañera. Pequeño y con aspiración de ser pequeño siempre. Gracias por ese café. Ése sí que fue un gran inicio de día. ;).*