lunes, agosto 16, 2010

Embarrancada

"Es a lo que hemos venido", me repetía Gregorio en el camino de vuelta, "A conocer barrancos y a andar por los ríos". Yo le enumeraba mis frustaciones. Hablaba en voz alta para entenderme yo misma. He pasado un fin de semana en el Valle del Jerte en el que me he bloqueado y me he vuelto una persona hostil, huidiza y enfadada hasta para mis amigos. Pobre amigos míos y pobre de mí. Con mis expectativas y mi nula capacidad física para sortear la incertidumbre de la Naturaleza misma, con sus miles de obstáculos en forma de piedras, zarzas y sol en la espalda. En una décima de segundo, me bloqueé. "No hay marcha atrás", les dije cuando ya me sentía segura y les pedí que me dejaran sola. "He pasado mi propio límite y ya para siempre voy a guardar un mal recuerdo de este viaje".Y me dejaron sola. Porque me conocen más de lo que ellos mismos creen. Y mi cerebro, que en mitad del bloqueo no era más que una furia, empezó a relajarse. Y los pensamientos oscuros que me atormentaban cuando traspasé mi propio fondo, se fueron volviendo más claros y serenos. "Si tuviera que tomar una decisión importante cuando entro en este estado, sería capaz de arruinarme mi propia vida", les confesé cuando volvieron conmigo, una vez que disfrutaron de Los Pilones, con sus cascadas, sus saltos de agua y todas las cosas que convierten a ese paraje en un bonito parque acuático natural.Por la noche, durante la cena, cuando les expliqué el estado de frustración en el que había entrado aquella tarde, por más bonito que fuera el paisaje que me rodeaba y por más feliz que debería haberme sentido con ellos, uno me dijo "Pues ve a un psicólogo". Pues sí, quizá tenga que ir. O no, si aprendo a conocerme, a controlarme y a saber que es un estado pasajero del ánimo. Ha querido la casualidad de que esta mañana, entre la poca gente que anda por Huelva en este día tan festivo como solitario, me haya cruzado con el hermano de una de mis amigas, montañero experimentado, que hace apenas unos días ha recorrido todo el valle. "No te agobies. El contacto con la Naturaleza tiene a veces esas cosas". Y su complicidad me ha quitado un enorme peso de encima y he vuelto a compadecer a mis amigos. Pobres. Supongo que es lo que tiene no ponerse los disfraces ante ellos, poder mostrarme tal como soy, también cuando toco el fondo de mis propios desequilibrios.

3 comentarios:

Antonia dijo...

¡Qué bonito tener esos amigos para compartir silencios y frustraciones! Es lo mejor de la vida.

Roberto L. dijo...

Nada de psicólogos. Lo que le pasa PIRFA es que ha tenido un mal día. ¡Claro, que la "antimalosdíaswoman" no puede reconocerse en un mal que ella aleja a la perfección y que los mortales comunes sufren con más asiduidad ... y tranquilidad!

Yo conozco a catorce mil que precisan de un veneno de acción fulminante y les veo, leo y escucho tan orgullosos de sus pecados.

Besos, de chocolate.

Miguel dijo...

La autenticidad tiene algo de anomalía, igual que hay algo oscuro en la clarividencia. No pidas perdón por ser como eres. No tienes por qué hacerlo.*