viernes, julio 09, 2010

Orden

Desayuno pulpo que come mejillón. Un símbolo de la postmodernidad, supongo, del Ser Humano que busca incansablemente algo en lo que creer, justo cuando los grandes mitos empiezan a derrumbarse. Primero dios y ahora Maradona.
Me quedo mirando desde la cama a las repisas de mi habitación. ¿Qué te pasa? Pregunta Grego. Nada, le contesto. Lo mejor de la lectura es elegir el siguiente libro, añado. Aunque puedo equivocarme. Dudo entre un Saramago y La Soledad de los Números Primos, de Giordano. Me quedo con el segundo como lectura de verano, para cuando termine con las intimidades de Lady Chatterley que tanto me están seduciendo, dentro y fuera de la cama.
De repente, necesito orden. Los Saramagos y los Kapuscinskys deberían estar todos juntos, pienso en voz alta. No entiendo muy bien mi propia decisión. Plumero en mano, los pongo unos con otros. Para poder, supongo, verlos a golpe de vista cada mañana cuando despierte. En un mal movimiento cae al suelo El Principito.
No es el ejemplar que tuve desde pequeña, y que continúa en casa de mi madre, en el pueblo. Se trata de otro nuevo, con acuarelas de Saint-Exupéry, que me regaló un compañero la primera vez que yo pisaba un periódico: "Leona: Lo esencial es invisible a los ojos. Un beso. Sevilla, 18 de Noviembre de 2003". Sonrío y vuelvo a dejarlo en la estantería. Descubro que he elegido como compañera de El Principito a Madame Bovary. Fue la lectura que me acompañó el verano siguiente, al frescor del aire acondicionado de los autobuses urbanos de Sevilla. Un sacrificio, mientras en mi pueblo soplaba el fresquito, que luego ha valido la pena. Entre sus páginas, una foto de fotomatón que muestra, metidos en un corazón hortera, la cara de Grego y la mía, con bastantes años menos. Y vuelvo a sonreir, un poco por todas las coincidencias. Sobre todo porque mi lectura de El Amante de Lady Chatterley me hace recordar aquella de Madame Bovary, con tantas semejanzas y más diferencias.
Sigo intentando ponerle orden a mi propio caos, ahora con una petición silenciosa: Que la Literatura nos salve de la vida ideotizada. Ésta en la que un repugnante pulpo se convierte en oráculo, con conexiones en directo y minutos en la portada de los informativos.

2 comentarios:

Estefi dijo...

Pues ánimo con el orden, cuando se consigue por un lado, el otro extremo ya está patas arriba. No estoy hablando sólo de orden en lo que se ve.El libro q has elegido no está mal, pero esperaba más, sin duda, es lo que pasa cuando te o venden tan bien. Espero q a ti te guste más, a mi dejó con la cara partida. Mil besos y a leer¡¡¡

Alfonso dijo...

Otro beso, leona, después de tantas cosas. Nunca dejes de pirfear.