martes, julio 27, 2010

Encuentro en Comisaría

"Te lo juro, a esa gente hay que darles fuerte. Yo, como coja al que ha sido, lo meto en el maletero. Te lo juro... Total, la ley los protege". Yo no tenía ningún tipo de interés en contarle a nadie qué era lo que me había traído un mediodía de julio hasta la comisaría de la Policía, pero el señor que se acababa de sentar a mi lado, sí. Yo lo escuchaba y atribuía su proclama neo-fascista al enfando que arrastraba desde esta mañana, cuando descubrió que todas, excepto una, de las furgonetas con las que trabajan sus empleados habían amanecido con las ruedas cortadas a punta de navaja. Me atreví a confesárselo, auspiciada por la cercana intimidad que se había creado entre nosotros.
"Que no, que te lo digo de verdad. Voy a poner cámaras por dentro del local mirando a la calle , como coja al que sea, ese no ve más la luz del sol". Yo seguía escuchándolo mirando fijamente al libro que todavía estaba abierto entre mis manos y de cuya lectura me había sacado este antiguo jugador del Recreativo de los 80, actual empresario local. "Hombre, por Dios, es que hoy, del cabreo que he cogido, me da igual todo. Mi mujer acaba de llegar del procurador de cobrar treinta mil euros y otros quince mil en b porque ha vendido una casa y, cuando me ha llamado para decírmelo, no me ha hecho ni ilusión".
La confesión me ha arrancado una sonrisa, por lo surrealista y lo patética, y entonces lo he mirado a la cara. Él, al verme sonreir, lo ha hecho también. Una sonrisa amplia, de esas que obligan a cerrar los ojos, y no me ha parecido más que un hombre, chulo y bueno, pero tan enfadado que resulta ridículo. He pensado en lo mucho que tuvo que ligar mientras jugó en el Decano y le he sacado el tema del fútbol.
"Yo es que no he querido nunca salir de aquí. Jugué en la Andaluza y también en la Selección Española... Pero cuando salía me deprimía". Enumeró todas las figuras del balompié que fueron compañeros suyos y luego me confesó que empezó a jugar en el Recre a los 16 años y allí estuvo hasta los 34, que se retiró. Le dejaba hablar y no me parecía ningún "juguete roto". Tocamos todos los temas que él quiso y de todas las personas que conocía en todos y cada uno de los estamentos de la sociedad onubense. Me dio la impresión de que realmente este desconocido para mí fue un día un hombre muy popular en esta ciudad.
Entonces recordó su enfado y volvió a su alegato violento. "La cárcel nueva de Huelva es un hotel de 5 estrellas. No hay derecho. Les dan hasta cursos de tenis". De ahí pasó a relatarme un suceso, una noche hace quince años, cuando uno de sus amigos, cinturón negro de karate, le dio tal paliza a un ladronzuelo al que pilló robando las ruedas de su propio coche, que lo llevó él mismo a urgencias "... y por hacerlo, el pobre de mi colega, todavía está pagando".
La rabia, la hombría lesionada, la obsesión por sus enemigos... Todo se mezclaba en un discurso en el que a mí me avergonzaba confesar que estaba allí por una cagada: "Me han robado los limpia-parabrisas", acerté a decir en una de sus pausas. Las puertas se abrieron y entramos, casi a la vez, cada uno en una oficina. Sin despedirnos.

1 comentario:

susana dijo...

cómo le sacas punta a todo....qué gracioso!!
aunque me he quedado con la intriga de saber de qué ex-jugador se trata