viernes, junio 18, 2010

Tangentes con Saramago

Primero, Saramago hace tangente con mi vida montado en un autobús. La eterna línea Lisboa-Sevilla que atravesaba el pueblo donde y cuando yo me criaba. En los albores de su amor con una sevillana, a unos años de serle concedido el Nobel y a otros más de que la niña que veía pasar el Casal estuviera preparada para sus libros. Con ellos descubrí que el mayor placer que podía ofrecerme estudiar portugués era leer a Saramago en su idioma. Memorial del Convento e Historia del Cerco de Lisboa fueron los primeros, por acertada prescripción de mi profesora. Después llegarían otros y algunos más, que conviven conmigo en mi casa, todavía vírgenes y esperando ser leídos. Segundo, busco de nuevo la tangente con Saramago en la que ha sido su última tierra: Lanzarote. Y a todos les conté que iba buscándolo. Encontré otras cosas y otras gentes, pero nunca al de Azinhaga, a pesar de que asomé la cabeza por la ventanilla y entorné bien los ojos cuando atravesamos el pueblo en el que me dijeron que vivía, camino del Timanfaya. Nada, ni rastro. Ahora la tengente ya sólo es posible en un par de lugares: sus libros y un eterno párrafo sin puntos y aparte.

3 comentarios:

Isa dijo...

Precioso, Paloma, como siempre.

Miguel dijo...

Descanse en paz, don José.*

São dijo...

Bonito post.
Ainda bem que gostou da "prescrição". Fico contente por saber que esses dois livros lhe espicaçaram a curiosidade de ler mais Saramago.

Bj da "setora"
São