martes, junio 08, 2010

8-J

Le he escrito en su cuaderno la fecha de hoy.
-¿De verdad es este día? Yuhuuu.
Y Rocío ha reído a carcajadas.
-Es tu cumpleaños y yo te acabo de hacer un regalo.
Se lo he recordado. Ha mirado la falda y ha vuelto a encantarle. Le he sugerido que lo escriba en su nuevo cuaderno del que apenas lleva una página y que, durante un tiempo, va a servirle a modo de memoria. Y lo ha hecho, justo debajo de la fecha: Hoy es mi cumpleaños. Ha venido Paloma. Me ha regalado una falda.
Le animaba a que siguiera. Que pusiera que hemos tomado café las dos con sus padres, que hemos comido unas deliciosas magdalenas berrocaleñas... Pero su padre ha requerido mi atención. Yo no sabía que Rocío era hija de uno de los cientos de mineros que protagonizaron una de las protestas más duras que se recuerdan en la historia reciente de Huelva. Tanto que esta mañana, un compañero me ha dicho en el desayuno: "La huelga de hoy va a ser una poca mierda comparada con la de los mineros". Creo que no hay un sólo periodista de Huelva, activo entre 2001 y 2003 que no recuerde este conflicto.
Y el tiempo y el espacio han pasado de repente de la taza de café de esta mañana a la de esta tarde. Una en la Palmera, en Huelva capital, y otra en un piso de la Rio Tinto Minera, en la zona alta de Riotinto. Emilio ha empezado a mostrarme fotos. A cientos. Las ampollas en los pies en las marchas hasta Sevilla, las horas sin dormir en un autobús que los conducía a Madrid para participar en la manifestación de la huelga general contra el Decretazo de Aznar, el campamento en el que vivieron durante tres meses en la Avenida de Andalucía (en el que acogieron con ellos a tres o cuatro inmigrantes. Uno de ellos, un búlgaro campeón de boxeo), los cortes de carreteras entre cinco o seis, sus mujeres con la boca tapada y un cartel que decía "Mi marido no es un delicuente" (cuando las protestas se intensificaron y la Guardia Civil se convirtió en su sombra)...
Emilio recuerda esos momentos con una sonrisa. Un tiempo duro que le dio sentido a su vida. "Algunos compañeros, después de esto, han entrado en depresiones e historias", me confiesa. Durante todo ese tiempo él cargó con una de aquellas primeras cámaras digitales de baja resolución. Eso le dio via libre a la primera línea y también un despido que, más tarde, un juez revocó. "A mi me echaron por llevar la cámara". Y ha sido entonces cuando he recordado que Emilio está en el germen de la vocación de Rocío por la carrera que estudiamos juntas.
Entre las fotos, varias de la mina y una de la caseta de control en la que él pasaba su jornada laboral. Introducía cifras en un ordenador. Eran los viajes de los camiones que hacían cada vez más profundo ese agujero en la tierra.
-Qué falda más bonita llevas- Ha interrumpido Rocío, reclamando mi atención.
- ¿Has visto la que te he traído? Es un regalo... ¿Te acuerdas qué día es hoy?.
Ha vuelto la vista a la falda y otra vez a mí, con una sonrisa.
-No sé.
-Es 8 de junio.
- Mi cumpleaños... Yuhuuu.
Y ha vuelto a reir a carcajadas.

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