martes, junio 29, 2010

Compañerismo

En la facultad de Periodismo no había ninguna asignatura que hablara de compañerismo, ni siquiera de solidaridad. Supongo que los diseñadores de los planes de estudios daban por supuesto que eso lo traíamos cada uno de casa. Se equivocaban, claro. Jamás vi más competitividad a mi alrededor que en mis años de universitaria. Tenía hasta una compañera que, cuando escuchaba el nombre de algún libro recomendado por el profesor, no esperaba ni a que terminara la clase para correr a la biblioteca y cogerlo ella primero. De locos.
Menos mal que, después, el ejercicio de la Profesión me ha enseñado que los periodistas no son como los estudiantes de Periodismo. Y menos mal. Porque, la verdad (y esto es uno de mis secretos) no sirvo para competir. Simplemente no sé hacerlo. Me gusta la ambición y me encanta cuando me rodean personas ambiciosas, inconformistas, que luchan por progresar y mejorar, pero aborrezco a los que ponen zancadillas, cogen atascos y no juegan limpio. Detesto a los que les importan que los demás no alcancen sus mismas metas. Y lo hago porque no los entiendo.
Por eso le doy tanta importancia a la foto que encabeza estas palabras. Horas de espera a las puertas del Juzgado para que, a la hora de la salida de los Del Valle, la Policía aparte a los gráficos y no les permita tomar fotos. "Aquí tienes mi espalda" y, compañero con compañero, el trabajo sale por encima de los impedimentos. Y eso me alegra, a pesar de lo precario de nuestro trabajo en este tipo de información de tribunales.
Claro que luego, cuando los abogados accedieron a hablar con nosotros, hubo alguno que pecó de nervioso o nerviosa y ocasionó que no nos organizásemos tan bien como solemos. Pero bueno, también el nerviosismo forma parte de esto. Somos humanos, para lo bueno y para lo malo.

lunes, junio 28, 2010

Campismo

Les escribí a mis amigos un e-mail que llevaba por asunto "El verano de la crisis, ¿quedamos?" y que decía así:
Dicen que la Economía va a recuperarse. Que empiezan a verse los primeros "brotes verdes". Que la reforma laboral nos va a dar trabajo fijo a todos... A ver si, por una vez en la vida, van a acertar y nos vamos a quedar sin la oportunidad de DARLES UN PASEÍTO A NUESTRAS TIENDAS DE CAMPAÑA¡¡¡ No vaya a ser que, a partir del verano que viene, ya sólo vamos a poder ir a hoteles de lujos, spas, paradores y alojamientos con encanto.
Cómo perdernos la oportunidad de dormir con las costillas en el suelo, la de despertarnos con los primeros rayos de sol sudando a chorros, la de darnos ostias en el cuerpo apestando a Autan para espantarnos los mosquitos, la de comer tortilla de patatas del Mercadona y beber tinto de verano Don Simón en cubertería de plástico...
No se me ocurre mejor plan, la verdad. Seguro que a vosotros y vosotras tampoco porque ya sabéis qué es lo importante...
No conseguí que se apuntaran todos los que a mí me gustaría porque resulta que, con los años, cada vez es más complicado hacer planes con ellos. Que si bodas, que si bautizos, que si graduaciones en Madrid, que si mudanzas... En fin, que con los pocos que dimos el sí y con el resto en la memoria, nos fuimos a Zahora. Una parcela, tres tiendas de campaña, el frescor de los pinares y el sonido de los pájaros.
Queda todo el verano por delante y espero poder repetir con ellos alguna escapada porque es en estos ratitos en los que nos reencontramos. En el que paramos el mundo para celebrar nuestra amistad y alimentarla de nuevas anécdotas. En los que nos conocemos un poco más y mejor. Eso es importante, más que llenar los pulmones de aire puro y la piel de sol.
Por cierto, que la B.S.O. la ha puesto... Kiko Veneno¡¡¡

Verano

Armonía. Equilibrio. Felicidad. Podían ser sinónimos del verano en pre-verano. En escapada a un lugar mágico. Un fin de semana entre El Palmar, Zahora y Los Caños de Meca. Un sitio antes descubierto por otros y ahora disfrutado por nosotros. Que suena a música en directo, sabe a mojito y pescaíto frito, huele a canuto y recuerda a Atún y Chocolate.
El verano ya llegó y nosotros hemos querido esperarlo en la costa, un par de días antes de que volviera a saltar el levante.

miércoles, junio 23, 2010

Hablar como si supieras

Aquí no hay ley más sagrada que la escrita en un papel bajo el cristal de la mesa camilla o pegada al mueble de la tele. En una, benevolencia con las pocas mujeres mayores de 80 años que entran por sus puertas, en otra una invitación a la concordia: "No realizar comentarios sobre el equipo contrario para no molestar a otros socios". Advertencias que me arrancan una sonrisa, a pesar del peligro que tiene ir contra la libertad de expresión, claro. Pero yo en el Casino de mi pueblo lo perdono todo.
Es uno de los sitios donde más me gusta dejar pasar mi tiempo. Tanto que hay noches de sábado en las que prefiero no salir para estar temprano aquí y disfrutar de todas las conversaciones, de los ires y venires, las informaciones de última hora, los eventos deportivos y taurinos en pantalla grande y el hablar-como-si-supieras. Eso es lo fundamental. El codo con codo en el sentar cátedra, en el arreglar el mundo, en el "yo estuve allí". Aquí sólo hay certezas. Nadie duda ni se cuestiona. Y todo a pesar de que la hija de uno de los grandes incondicionales de este edificio señorial de finales del siglo XIX me dijera el otro día algo así como: "Y los embustes, cuántos más grandes mejor".
Es mi refugio, mi salvavidas entre las verdades y las mentiras, las de las palabras escuchadas y las leídas en los periódicos y las revistas. El único sitio donde tengo la tranquilidad de leerme una crónica taurina y la seguridad de comentarla luego ante un auditorio masculino en el que rebajo, y mucho, la edad media. Una experiencia de vida casi tan fuerte como el cortado que me hace, al segundo sorbo, correr hacia el baño.

viernes, junio 18, 2010

Tangentes con Saramago

Primero, Saramago hace tangente con mi vida montado en un autobús. La eterna línea Lisboa-Sevilla que atravesaba el pueblo donde y cuando yo me criaba. En los albores de su amor con una sevillana, a unos años de serle concedido el Nobel y a otros más de que la niña que veía pasar el Casal estuviera preparada para sus libros. Con ellos descubrí que el mayor placer que podía ofrecerme estudiar portugués era leer a Saramago en su idioma. Memorial del Convento e Historia del Cerco de Lisboa fueron los primeros, por acertada prescripción de mi profesora. Después llegarían otros y algunos más, que conviven conmigo en mi casa, todavía vírgenes y esperando ser leídos. Segundo, busco de nuevo la tangente con Saramago en la que ha sido su última tierra: Lanzarote. Y a todos les conté que iba buscándolo. Encontré otras cosas y otras gentes, pero nunca al de Azinhaga, a pesar de que asomé la cabeza por la ventanilla y entorné bien los ojos cuando atravesamos el pueblo en el que me dijeron que vivía, camino del Timanfaya. Nada, ni rastro. Ahora la tengente ya sólo es posible en un par de lugares: sus libros y un eterno párrafo sin puntos y aparte.

miércoles, junio 16, 2010

Una tarde libre

Déjame jugar un rato. Empujarte y enseñarte a balancear tu cuerpo haciendo fuerza y equilibrios entre las piernas y la espalda. Deja que te muestre los secretos de los pequeños esfuerzos.
Prometo, a cambio, escucharte e intentar entenderte. También aplaudir tus logros. Prometo llenar con tu presencia una tarde libre. Libre de todo. Y ahora más libre que nunca.

martes, junio 08, 2010

8-J

Le he escrito en su cuaderno la fecha de hoy.
-¿De verdad es este día? Yuhuuu.
Y Rocío ha reído a carcajadas.
-Es tu cumpleaños y yo te acabo de hacer un regalo.
Se lo he recordado. Ha mirado la falda y ha vuelto a encantarle. Le he sugerido que lo escriba en su nuevo cuaderno del que apenas lleva una página y que, durante un tiempo, va a servirle a modo de memoria. Y lo ha hecho, justo debajo de la fecha: Hoy es mi cumpleaños. Ha venido Paloma. Me ha regalado una falda.
Le animaba a que siguiera. Que pusiera que hemos tomado café las dos con sus padres, que hemos comido unas deliciosas magdalenas berrocaleñas... Pero su padre ha requerido mi atención. Yo no sabía que Rocío era hija de uno de los cientos de mineros que protagonizaron una de las protestas más duras que se recuerdan en la historia reciente de Huelva. Tanto que esta mañana, un compañero me ha dicho en el desayuno: "La huelga de hoy va a ser una poca mierda comparada con la de los mineros". Creo que no hay un sólo periodista de Huelva, activo entre 2001 y 2003 que no recuerde este conflicto.
Y el tiempo y el espacio han pasado de repente de la taza de café de esta mañana a la de esta tarde. Una en la Palmera, en Huelva capital, y otra en un piso de la Rio Tinto Minera, en la zona alta de Riotinto. Emilio ha empezado a mostrarme fotos. A cientos. Las ampollas en los pies en las marchas hasta Sevilla, las horas sin dormir en un autobús que los conducía a Madrid para participar en la manifestación de la huelga general contra el Decretazo de Aznar, el campamento en el que vivieron durante tres meses en la Avenida de Andalucía (en el que acogieron con ellos a tres o cuatro inmigrantes. Uno de ellos, un búlgaro campeón de boxeo), los cortes de carreteras entre cinco o seis, sus mujeres con la boca tapada y un cartel que decía "Mi marido no es un delicuente" (cuando las protestas se intensificaron y la Guardia Civil se convirtió en su sombra)...
Emilio recuerda esos momentos con una sonrisa. Un tiempo duro que le dio sentido a su vida. "Algunos compañeros, después de esto, han entrado en depresiones e historias", me confiesa. Durante todo ese tiempo él cargó con una de aquellas primeras cámaras digitales de baja resolución. Eso le dio via libre a la primera línea y también un despido que, más tarde, un juez revocó. "A mi me echaron por llevar la cámara". Y ha sido entonces cuando he recordado que Emilio está en el germen de la vocación de Rocío por la carrera que estudiamos juntas.
Entre las fotos, varias de la mina y una de la caseta de control en la que él pasaba su jornada laboral. Introducía cifras en un ordenador. Eran los viajes de los camiones que hacían cada vez más profundo ese agujero en la tierra.
-Qué falda más bonita llevas- Ha interrumpido Rocío, reclamando mi atención.
- ¿Has visto la que te he traído? Es un regalo... ¿Te acuerdas qué día es hoy?.
Ha vuelto la vista a la falda y otra vez a mí, con una sonrisa.
-No sé.
-Es 8 de junio.
- Mi cumpleaños... Yuhuuu.
Y ha vuelto a reir a carcajadas.

martes, junio 01, 2010

Soldados y activistas

"Gaza no necesita ayuda humanitaria. En Gaza se vive mejor que en otros sitios. Nadie pasa hambre". Algo así decía el embajador de Israel en España que tuvo la valentía de entrar en antena en una radio nacional (RNE) para contar la versión oficial que su país estaba dando de unos hechos que estaba poniendo a la opinión pública internacional contra ellos. Una impresionante y oportuna entrevista de ayer por la tarde que cuelgo aquí hoy.

No podía parar de llorar. Tampoco luego cuando llegué a casa y puse los informativos en la televisión. Porque no me creo que en este mundo haya armas contra buenas voluntades. Haya balas contra palabras. Haya soldados frente a activistas, los unos en las antípodas de los otros, siendo todos seres humanos. Y, sin estar claros los números, 10 muertos por un lado y 2 por otro. Muertes todas abominables. También la de los militares que, como siempre, no hacen más que cumplir órdenes (nungún ministro de Defensa, ningún Presidente, ningún gran estatega militar muere nunca en las acciones que ellos mismos ordenan porque se quedan en los despachos).

Y me cuesta digerirlo. Tanto que llevo dos días pegada a la radio, escuchando las crónicas de los corresponsales desde Israel, las explicaciones de los especialistas en Derecho Internacional y hasta las palabras de los diplomáticos a los que les toca defender o condenar lo que está en las antípodas de su vocación.

Y me pregunto cuáles son los castigos de esta condena. Y me cuestiono, precisamente en este momento de mi vida, si de verdad vale la pena crear vida en un mundo que es capaz de albergar horrores como éste, en el que la fuerza se come a la solidaridad.

Y espero que, cuando se me afloje el nudo de la garganta, yo también pueda gritar. Y no olvidar nunca, para poder contárselo a los que vengan y quieran escucharme. Para que nunca más ocurra.