martes, mayo 18, 2010

Como boda de mayo

Ahora o nunca. La demostración de la amistad, digo. ¿Cuándo, si no? Se comportó el sol, las sonrisas, los abrazos, las lágrimas, el confeti y los pétalos de rosa. Se comportó el arroz, los trajes de chaqueta, los vestidos y tocados. Se comportó el cortador de jamón, el camarero que puso las copas y hasta el césped artificial. Si todo salió como debía, ¿Por qué esconder, precisamente hoy, lo mucho que nos queremos? Las palabras sonaron, las canciones se cantaron y las sorpresas sorprendieron. Todo en un día que esparábamos como boda de mayo después de tantos años siendo testigos de una relación que ahora daba un paso más. Por eso me volqué y sentí que, a la par, se volcaron todos los míos. Y, en comunión con ellos, que somos nosotros, me recorrió el espíritu una especie de descarga, entre química y eléctrica, que se parece, y mucho a la felicidad. Y eso me dio valor y alegría, aunque también me hizo llorar desconsoladamente. Y ese día, en que lo más importante eran mis dos amigos y el amor que nos une a ellos, non-plus-ultra. Nada más allá. Nada más. Nada. Sólo ellos y su felicidad en forma de vestido blanco y ramo de flores. Sólo ellos y nuestra felicidad en forma de mensaje, unas horas después, en el que escribían: "Estamos a punto de zarpar, y aún emocionados. Gracias. Os queremos." Vendrán otros momentos, puede que hasta mejores. Pero este 15 de Mayo no va a repetirse nunca.

1 comentario:

flor dijo...

que bonito, y que envidia sana! besos