sábado, mayo 29, 2010

Tortilla en 5 pasos

Paso 1: "Si sabes que no nos sale bien la tortilla de patatas ¿Para qué eliges ese plato?" Me soltó Grego desde la puerta de la cocina. "Dirás que no me sale bien, porque tú no lo has intentado ni una sola vez". Y es verdad que no soy capaz de cocinar en condiciones ni una simple tortilla de patatas. De todos es conocido mi muy poco talento para la cocina, pero anoche decidí echarle ganas.
Me puse mi mejor dalantal. Le eché cebolla, pimiento y paciencia hasta que me despisté y fui al baño a pintarme. Desde allí huelo a quemado. Ostias¡¡¡ Cuando llego a la cocina descubro que en vez de al 2 la tenía al 6. Se ha formado una pasta de patata y huevo que ha hinchado. Tengo ganas de llorar pero empiezo a gritar a carcajadas. Grego me pide que deje de dar voces y me repite que si no sé, para qué me meto. Llegan Francis y Mariluz. Ella, que es una cocinillas con título y todo, le da con habilidad una vuelta a la tortilla. "Podemos salvarla", me dice a pesar de la peste a chamusquina que corre ya por mi minúsculo piso.
Paso 2: Bastante gorda y un poco quemada, meto la tortilla en papel albal. Grego me dice por tercera vez lo mismo a lo que decido contestarle "Con los amigos hay que compartir los éxitos y los fracasos".
Paso 3: Saco la tortilla que, con la oscuridad de la azotea, apenas se ve lo quemada que está. La corto y tomo uno de los primeros bocados. "Está realmente asquerosa", digo en voz alta. Los demás no ponen su mejor cara pero le quitan hierro al asunto. "No, mujer. Lo que pasa es que no sabe a tortilla", dice una. Lleva razón. "Joder, hace esto Ferrán Adriá y dicen que es un genio. A ver quién tiene pantalones de hacer con huevo, patata, pimiento y cebolla algo que no sepa a tortilla." Le contesto.
Paso 4: La comida empieza a escasear y veo que los demás comen de mi insípida tortilla. A algunos empieza hasta a gustarles. "No está tan mala, de verdad", intentan convencerme. Pero yo sé que masticable no es lo mismo que comestible.
Paso 5: Último trozo. Cristal lo pincha y se lo mete en la boca de una vez. "Te dije que la tortilla se acababa", me dice Gregorio con aire triunfante. A buenas horas...

Hortera Musical Festival

Un bonito edificio de la calle Feria, la Giralda, San Luis de Los Franceses, el Puente del Alamillo, El Salvador, San Juan de la Palma... Todo se veía desde la terraza en la que celebrábamos la primera edición del Hortera Musical Festival que nos hemos inventado con la excusa de que Sara y Jesús se van de su piso a otro un par de calles más allá.
Un plato cada uno y dos canciones. Se podían llevar más pero sólo dos entraban a concurso. Resulta que hasta había regalo. Comprado en los chinos, como no podía ser de otra manera. Yo elegí las mías por la tarde y aposté por un valor seguro: Mustafá de El Tijetitas.
Y fue pasando las fases. Semifinal y final. Gané¡¡¡ Y tuve mi regalo.
Qué ilusión. Ganar algo en la vida y eso que había duras competidoras como éstas.

viernes, mayo 28, 2010

Rocío: La Reja y la Calle

¿Donde te crees que vas? Le dije a mi hermana cuando la vi sin traje, con la camisa, el pañuelo de hierba y los vaqueros. Vamos a ver el salto de la reja, me dijo. Le pedí que no fuera y recurrí al más rastrero de los recursos: ¿Tú nos quieres a mamá y a mí? Pues no vayas. Pero nada. Que decía que iba, que se metía en la ermita. Quitaté los pendientes por lo menos, le pedí mientras se iba. Quiso la casualidad que, con la virgen ya en la calle, me cruzara con ella que ya venía de vuelta. Alucinante, me dijo nerviosa y acalorada todavía. Era la primera vez que yo pasaba en El Rocío la madrugada del domingo al lunes. Nunca antes había visto el acto central de esta romería que congrega en una aldea de calles de arena a casi un millón de personas. La Virgen en la calle es una experiencia. Por todo: por los olores, por los colores, por la violencia y hasta por los empujones y las camisas de legionario y botas de punta de hierro de los almonteños. Una experiencia emocional y pasional que vale la pena haberla vivido, aunque sea una vez en la vida.

martes, mayo 25, 2010

Rocío: Eterno.

El Rocío es como una eterna sevillana.
Como una conversación eterna en la que va cambiando el interlocutor.
Como un0s brazos eternamente abiertos.
Como una sonrisa eterna. Un eterno buche. Un "siempre bienvenidos".

Rocío: Vestidas de gitana

Dicen que el traje de flamenca hay que saberlo llevar. Eso dicen. Nosotros aguardamos con ilusión el momento de vestirlo.
Y el de pintarnos la cara, elegir los complementos y colocarnos la flor. Un año entero esperamos.
Mi hermana, mi madre y yo llevábamos más de una veintena a este Rocío. Mi madre, en concreto, es pasión lo que tiene por esa prenda.

Rocío: La parada de Paterna

Paterna viene del camino y por cansados que estén, tienen parada obligada con nuestros vecinos. Una parada de la que participamos nosotros, que ya nos sabemos hasta las sevillanas que les cantan.
Un momento que esperamos, cada año, el viernes por la mañana.

El Rocío: Con Granada

La carreta de la Hermandad de Granada es un cajón entero de plata que salió de las manos y la cabeza de un platero rociero, padre de otro rociero. Cada carreta tiene algo de especial y ésta tiene un mucho.

Y esta carreta se ha cruzado en mi camino, o yo en el de ella, varias veces en esta romería. Primero en Villamanrique, con sus bueyes hasta dentro de la iglesia y el empuje de los peregrinos y luego en la entrada a la aldea. Ahí es donde escuché a una chica, cansada y emocionada, que decía algo así como "Mira la aldea". Y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Y este Rocío, con toque ganaíno, tenía una sede con nombre corteganés: "Villa Enreína".

martes, mayo 18, 2010

Como boda de mayo

Ahora o nunca. La demostración de la amistad, digo. ¿Cuándo, si no? Se comportó el sol, las sonrisas, los abrazos, las lágrimas, el confeti y los pétalos de rosa. Se comportó el arroz, los trajes de chaqueta, los vestidos y tocados. Se comportó el cortador de jamón, el camarero que puso las copas y hasta el césped artificial. Si todo salió como debía, ¿Por qué esconder, precisamente hoy, lo mucho que nos queremos? Las palabras sonaron, las canciones se cantaron y las sorpresas sorprendieron. Todo en un día que esparábamos como boda de mayo después de tantos años siendo testigos de una relación que ahora daba un paso más. Por eso me volqué y sentí que, a la par, se volcaron todos los míos. Y, en comunión con ellos, que somos nosotros, me recorrió el espíritu una especie de descarga, entre química y eléctrica, que se parece, y mucho a la felicidad. Y eso me dio valor y alegría, aunque también me hizo llorar desconsoladamente. Y ese día, en que lo más importante eran mis dos amigos y el amor que nos une a ellos, non-plus-ultra. Nada más allá. Nada más. Nada. Sólo ellos y su felicidad en forma de vestido blanco y ramo de flores. Sólo ellos y nuestra felicidad en forma de mensaje, unas horas después, en el que escribían: "Estamos a punto de zarpar, y aún emocionados. Gracias. Os queremos." Vendrán otros momentos, puede que hasta mejores. Pero este 15 de Mayo no va a repetirse nunca.

lunes, mayo 17, 2010

No al ERE

Los compañeros de El Correo de Andalucía están pendientes de una lista. En ella aparecerán 22 nombres. Todos, a juicio de la empresa, prescindibles y despedibles. Como no lo comparto, me he presentado esta tarde a las 6 para aplaudir con ellos. Había quedado con tres amigos: Miguel, Ana e Isa. Creía que íbamos a ser unos cuanto más. Creía, de hecho, que las clases de la Facultad de Comunicación (justo en frente) quedaría vacías y todos los aspirantes a periodistas acudirían a secundar la protesta por la cuenta que le trae a la Profesión a la que dicen encomendarse. Resultó que no. Que de fuera de El Correo no llegábamos ni a media docena.
Ha valido la pena acompañarlos. Por cumplir la promesa del aquí-estoy-para-lo-que-necesites, por el reencuentro con compañeros que me han acompañado en alguna etapa de mi corta carrera y, sobre todo, por los ojos empañados de Carmen Rengel intentando reprimir unas lágrimas que lloran una pena colectiva. La de los 22 que se marcharán y el resto que se queda, herido de muerte. También por los siete niños que han nacido últimamente fruto del amor de sus compañeros. Los que tienen 40 años por delante para pagar una hipoteca. Los que acaban de casarse. Los que han hecho planes de futuro. Los que han dedicado su vida a un periódico que era, y es, un proyecto de vida. Por todos y por cada uno... NO AL ERE EN EL CORREO DE ANDALUCÍA.

miércoles, mayo 12, 2010

Matando dragones

Mi compañero Julián Pérez es de esos fotógrafos que son capaces de captar el alma de las personas. Lo hizo en esta foto al Niño Miguel que le ha valido el Premio Ciudad de Huelva. En ella pensaba cuando, esta mañana, hasta el corazón de Huelva, me han llegado noticias del genial guitarrista que pasa sus días en la residencia de Tharsis. Dice que allí se aburre, que cuándo y quién lo va a traer a Huelva. Claro que dice también que le gusta eso de despertarse por las mañanas, ir al comedor, desayunar todo lo que se le antoja, volver a la habitación y encontrarse con su ropita limpia y doblada. Eso dice. También que quiere volver a su casa, a sabiendas de que, después de este invierno, la humedad se lo coma entre aquellas paredes y puede que todavía quede por sacar algún que otro cubo de agua. Este amigo común que compartimos El Niño Miguel y yo irá esta tarde a verlo a Tharsis para que se le haga más amena su estancia en la residencia donde "lo cuidan, lo visten y lo calzan". Estuvo también hace unos días y, cuando el genio le dio señales de su aburrimiento, él le replicó: "Tienes que ponerte bueno. Papá (así es como llama El Niño Miguel a Paco de Lucía) me ha llamado para decirme que, si este verano estás bien, vendrá a verte y daréis un concierto juntos". La cara del guitarrista cambió. Su semblante dibujó una sonrisa y sus ojos brillaron. Fue entonces cuando comenzó a darse golpes en el pecho para decirle a su amigo: "Toca aquí, toca, verás que fuerte estoy. Entreno todos los días. ¿Sabes cómo ? Mato lo menos tres o cuatro dragones. To los días, to los días. Ahora he dejado de entrenar. Me ha pedido el dueño de esto que deje de matar dragones". Y yo he soltado una carcajada. Por la ocurrencia y por la ternura. También por la genialidad de quien mata el aburrimiento como el que mata dragones imaginados.

lunes, mayo 10, 2010

Lo flamenco

Una noche flamenca, con sus matices y sus diferencias, es una noche universal. Da igual si la vives en Sevilla, Bilbao, en Huelva, Granada o Baleares. Lo flamenco, trasversal a la forma de entender la noche y la vida misma, te hará sentir en un tiempo-espacio paralelo a la realidad. Y cuando hablo de "forma de entender" me refiero a la posición que tomas frente al mundo, cuando decides hacerlo desde lo flamenco. Cuando llegas al borde y, mirando de frente al abismo, le gritas aquí estoy yo, así siento y tengo cosas que contar y vivir. Tantas que, aquí y ahora, voy a dejarme la garganta y hasta las energías. Pero no importa, porque en una noche flamenca, en una vida flamenca, las energías que pierdes, vuelven multiplicadas. La concepción flamenca de la vida es desgarradora y a la vez vitalista. Existencialista a la vez que sumamente social. Y a veces pasa, que empiezas una de esas noches con un grupo de amigos y tu grupo acaba multiplicado y modificado por otras personas que cruzan tu camino en esa noche y que, como tú, han decidido apostar por lo desesperado, por la piel, por la palabra y la redención. Por los que miran hacia el abismo, sienten el vértigo y apuestan por la alegría. Ésos son los que hacen de una noche flamenca, una noche universal.

viernes, mayo 07, 2010

Alienaciones diarias

En el sitio donde compro la comida que como cuando lo hago con prisas y en el trabajo siempre hay vídeos musicales. Unas canciones alegres que no entiendo. En la pantalla, hombres que se parecen extrañamente demasiado a los dos que regentan este establecimiento: uno moreno y chaparrito con cara de buena gente que siempre me sonríe, y otro más serio y algo mayor, espigado y también moreno que viste siempre camisa y pantalón con pinzas y que, si no lo viera cada vez que voy reponiendo los refrescos, diría que es profesor de filología en cualquier universidad del mundo. Los dos son de Pakistán. El que sonríe me escribió una vez en un trozo de papel el nombre de su ciudad. Prometí buscarlo por internet, pero me olvidé. Mientras espero a que saquen algo del enorme tronco de carne que da vueltas junto al fuego no puedo quitar los ojos de la pantalla. Ellas, con melenas y pestañas tan largas como sus nacaradas uñas y sus festivos pendientes. Con unos enormes ojos verdes y unos pechos excelentemente colocados. Tienen una piel tan blanca que contrasta con la del hombre que le da la réplica en el alegre baile que protagonizan en mitad de la calle. Por cierto, que a veces la calle está en Nueva York porque en varios planos sale de fondo el puente de Brooklyn y los taxis amarillos. Todo es feliz y perfecto como su blanca sonrisa y su tipazo. Cuando, en mi espera, consigo bajar la vista de esa pantalla completamente alienante y pongo el pie en la puerta, miro a los hombres y mujeres que están sentados en las terrazas del resto de los bares, en los que cruzan el paso de cebra, en los que conducen... Me parece que, de un momento a otro, todos van a comenzar una coreografía conjunta que les hace más bellos y felices. Como no llega, vuelvo a buscarlo en la pantalla, que me hipnotiza otra vez. El más simpático de los dos tiene que llamarme la atención cuando ya tiene mi comida metida en una bolsa de plástico. Bajo la vista, lo miro y vuelve a regalarme su sonrisa paquistaní. Es justo en ese momento, cuando cierro el monedero, cuando tengo que reprimir las ganas de salir bailando por la puerta.