martes, abril 20, 2010

Pescaíto´s Night II

Un periodista acaba de preguntarle a Caballero Bonald si tiene alguna certeza. Me ha parecido una pregunta preciosa sólo superada por la respuesta del escritor de Jerez. Algo así como que él intenta carecer de ellas y que los que creen tenerlas son las personas más estúpidas que conoce. Los que el lunes por la noche acudimos a la fiesta de nuestro amigo en un piso al final de la Calle Asunción éramos, la mayoría, personas que, entre la certeza y la incertidumbre, apostamos por la segunda.
Y allí volví a encontrármelos a la mayoría, un año después de la última Pescaíto´s Night. En la pared, los grandes carteles de cine y los pequeños hechos para el evento. Un Chuck Norris feriante que le pidió a Lola Flores que bailara la quinta, y la bailó. Esas personas, de las que ya para siempre formo parte aunque apenas haya pasado unos meses entre ellas, son de las que se mueven en el filo del alambre. Como sólo saben hacerlo los genios.
Por ejemplo, el montador de un programa que ha decidido colar en sus videos el logo de Dharma. Lo mismo lo pone en un pared que un folio encima de una mesa. Ahí lo deja, como de forma subliminal, un plano cualquiera durante unos segundos. Y pasa desapercibido. Me confesaba que lo hace porque sí, y en ese porque sí yo advertía un destello de genialidad.
O los anfitriones, con su bodega en la que descubrí un Brugal de reserva; el que prepara una tesina sobre la publicidad en los informativos, el que no soporta discutir cuando conduce, el que cuando conduce, se pone violento; el que come lacasitos con cubatas, el que recibe un mensaje "Cariño, vente pronto a casa que nadie de los que están en la fiesta te quiere ni la cuarta parte que yo", los que son más surferos que realizadores, los que distinguen entre amigos y hermanos, mis dos alegres compañeras a las que hacía más de dos años que no veía y ante las que me costó reprimir mis lágrimas de emoción, los que andan buscando andaluces por el mundo y dejan a sus chicas solas en casa...
Este año, aprendí la lección y elegí zapatos cómodos con los que acabé pisando el albero, aunque ganas no tenía ninguna. Y pude volver, entre caminando y flotando a mi barrio, a mi calle, a mi casa y a mi cama. Este año, ni bicicletas ni toreros. Pero sí una compañía: la de Sabina.

2 comentarios:

Angela dijo...

Imposible no agregarte como amiga Paloma, aunq tengamos q vernos de Pescaito en Pescaito na más! vivan las alambres y la gente q disfruta conociendo a alguien nuevo y hablando de verdad con él/ella

Antonia dijo...

Te dejo aquí este comentario pero te lo podría dejar en cualquier entrada: me encanta el sentimiento que pones en todo lo que escribes. En cada palabra se palpa tu esencia. No cambies eso nunca.