jueves, abril 22, 2010

Doble ángulo

Si a mi hija de trece años, con cierto retraso mental, la hubieran violado entre siete niñatos de mi pueblo. Si para dormir necesitara comerme medio tarro de pastillas. Si me hubiera tenido que mudar de casa, de barrio y de pueblo para no encontrármelos a ellos ni a sus familias. Si tuviera, casi un año después, que revivir todos aquellos momentos en un juzgado. Si los testimonios de ellos me causaran tanta náusea como las pruebas que aportan los peritos sobre los daños. Si acudiera hasta el juzgado del brazo de una amiga porque me cuesta mantener firme mi propio paso. Entonces, a mí tampoco me gustaría tener que hablarle a una periodista con micrófono rojo y pelo corto que me pregunta a la puerta del juzgado si yo soy quien soy y que qué tal me encuentro. Ni a ella, ni al enjambre de cables, micrófonos y cámaras que vienen detrás. Sólo querría darles una enorme voz y mandarlos a su puñetera casa. Si yo fuera una periodistas de ésas de título firmado por el Rey, de lectura de periódicos al día, de las de moralina vespertina ante la telebasura. Si yo fuera una periodista de ésas que acude cada mañana a trabajar, creyendo que lo que cuenta le interesa a la gente. Si yo fuera una periodista que ésas que tiene amigos periodistas con los que arregla la profesión y el mundo, de paso, sentada en el velador de un bar. Si yo fuera una periodista de las que quiso estudiar idiomas y hasta una segunda carrera por el fin mismo del conocimiento por el conocimiento. Si yo fuera de ésas periodistas a las que le gusta estar en la calle y pide, a las puertas de un juzgado, que ni llueva ni le tiren piedras. Si yo fuera la periodista de micrófono rojo y pelo corto, tampoco querría preguntarle a esa señora sonámbula y escuálida si es quien es y cómo se encuentra. Ni querría seguir grabando mientras me dice, con la voz cortada, que cree en la justicia y que se encuentra fatal. Sólo querría dar una voz enorme y marcharme a mi puñetera casa.

3 comentarios:

Raquel Rendón dijo...

Genial, Paloma, como siempre. Suscribo todas tus palabras.

Herblay dijo...

Ánimo compañera, hacemos que la gente lo mase mal en esos trances y también nosotros lo pasamos fatal, pero al menos te debe quedar la certeza de que lo has hecho con la máxima prudencia, educación y tacto. Eso es lo que no diferencia de otra casta, ya sabes. Un beso enorme, y gracias por poner palabras a nuestras angustias diarias

Jose Juan Ramos dijo...

Moverse en el límite de lo posible, lo prohibido y lo probable es nuestro sino. Hay que saber sobrellevarlo... besos grandes!