martes, abril 13, 2010

Rachas

Dicen mis amigas que con los amigos nunca hay rachas que valgan. Y es verdad. Con los amigos de verdad, los que, cuando estás con ellos, hacen que respires de una forma diferente, como si tu corazón se sintiera a salvo, en casa. Son esas personas con las que apenas tengo que esforzarme porque me conocen lo suficiente como para merecerse la más sincera de mis versiones, sin grandes artificios. A los que abrazo y beso en cada uno de nuestros reencuentros, por muy separados que nos hayan tenido nuestros diferentes ires y venires.
Son personas a las que conocía antes y durante de llegar a ser quienes son. Que no son economistas, ni arquitectos, ni médicos, ni ingenieros, ni filósofos, ni responsables de ningún sector cuando están conmigo. Ante quienes yo no soy, ni más ni menos, que yo misma. Ésos con los que me río todas las veces que quieran contar, por ejemplo, la anécdota de aquella manifestación del instituto en la que acabé agarrada a la reja del Ayuntamiento con un "Unidos Venceremos" que resonó en toda la plaza del pueblo, mientras otro de los manifestantes me sostenía para que no me cayera, para vergüenza de ellos.
Los que no tienen pudor por volver a sacar aquello que cada uno de nosotros quería haber olvidado: la bolsa llena de arena mojada que uno creyó que era otra cosa, el lenguado que fue el plato más caro de una vida entera, las meadas de risa pantalones abajo, aquel revolcón de una vaquilla, el pedo que resonó de forma inesperada, la caída antes de llegar a meta, la carta corticheada y tirada al water, ese padre que nunca dejaba salir a una de nosotras, la falda remangada y el compás clavado, aquella borrachera indecente, aquel ligue que nunca tuvo que haber sido...
Con ellos nunca hay rachas. Nunca los quiero más o menos que antes porque los quiero siempre.

2 comentarios:

flor dijo...

que bonito...y que bien os lo habréis pasado. un beso fuerte.

Fulanita de Tal dijo...

Mil gracias por el desayuno!!!muak