viernes, marzo 12, 2010

Sorderas temporales

Últimamente hay mañanas que me levanto sorda. Hipuacúsica, creo que corregiría mi hermana. Una especie de estado en el que mi voz es la predominante y tengo que esforzarme sobremanera para escuchar la voz de los demás. Las estridencias me molestan y la realidad se deforma. Algunas mañanas, como la de ayer, el esfuerzo ha sido tan grande que escuchar la débil voz de uno de mis compañeros en el desuyuno se me hacía casi imposible con el ruido de la máquina del café, las voces de alrededor y el sonido del las tazas chocando contra los platos. Pero me esforzaba, a pesar de todo. Hasta puede que esté desarrollando más otros sentidos, como el de la vista, que hacía que la cara de Díaz Ferrán que salía por el televisor del bar se me metiera directamente en mi mente. Y con mi vista de más y mi oído de menos, fueron pasando las horas y los sonidos de los demás volvieron a llegarme poquito a poco. Cuando quise darme cuenta, el sonido de la conversación de mis amigos, el reflejo de las velas, el brillo en los vasos y los botellines, el olor característico de los bares de la Alameda sevillana, el sabor de las tapas y hasta la presencia de los perros iban teniendo la misma presencia que mi propia voz dentro de mi cabeza, hasta que llegaron a tenerlo más. Y entonces empecé a disfrutar. Porque no hay esfuerzo más grande que evitar el sonido de la propia voz. Sólo así puden sonar los matices de las voces de los demás.

1 comentario:

flor dijo...

si,te corrijo..... hipoacusia!!
si es cierto lo que cuentas tendré que charlar contigo largoy tendido...