lunes, marzo 15, 2010

Los emic y los etic

Mi prima María es de esas privilegiadas que ha podido estudiar una segunda carrera. Es un tía inteligente que de chica se arrancaba su propio pelo y se chupaba su propio dedo, pero ya nada de eso. A la vuelta de nuestra visita al hospital, una conversación sobre el matrimonio ha terminado en una disertación sobre Antropología, que es la ciencia que ahora le apasiona, más que nunca hizo el magisterio.
Me hablaba mi prima de sus pasiones: los emic y los etic, que para ella son el corazón mismo de la Antropología y por eso, decía, ahora disfruta más que antes las relaciones con sus paisanos. Para ella, el emic era ella misma en el pueblo con sus amigos y el etic las charlas con sus compañeros de la facultad al sabor de una cerveza.
Y ahí encontramos un punto encuentro. Porque a mí me pasa parecido. Aunque puede que tuviera que cambiar Antropología por Periodismo, o quizá no, porque el sustrato de ambas creo que es el mismo.
Y en el saco de mis emic el delicioso primer sol de primavera, un paseo por el campo con amigos, los juegos con mis primos, la palá de brasas y los periódicos, las avellanas apoyadas en un banco del paseo, la gente que sale de misa, las palomas, los padres primerizos que muestrana sus niños en un carrito recienestrenado, el sabor de las migas, el rocho, el querido, las lajas, las culapás, la alberca con limo...
Y en el de los etic el despertador a las 5.30 A.M., el correo, el reparto de temas, las lecturas y las escuchas de primera hora, las esperas, la paciencia, las tensiones, los bostezos, los temas propios, los teletipos, los boletines, los canutazos, las previas, los solo-para-gráficos, las contraportadas, los yo-me-tenía-que-haber-dedicado-al-arte, las contracturas, las llamadas, las rellamadas, los te-paso-por-mesa, los apretones de mano, las preguntas cómodas, las preguntas incómodas, el café rápido, el sms del 112, la hora en el culo...
Y en el principio de todo, una redacción primera. Donde aprendí qué era un teletipo, una sección, un jefe de sección y un jefe de área. También un tema especial y una ronda de emergencias. Donde descubrir a Marco Aurelio me fue más útil para mi vida que las técnicas del dreamweaver. En la que firmé mi primer artículo y aprendía a distinguir una entradilla de un ladillo y un pie de foto engatillado de un breve. Eso y lo de las heridas por las que se reconocen los que sirven para este oficio. Y tantas otras cosas, como las grandes personas que se escondían tras aquellas bestias profesionales, que el viernes pasado se juntaron para recordarse los unos a los otros y celebrarse. Pero yo falté.
Puede que mi prima, la antropóloga, dijera algo de que un emic se cruzó en mi camino.

1 comentario:

Miguel dijo...

faltaste y te echamos en falta. Eso significa que, de alguna manera, estuviste. ;).*