martes, marzo 30, 2010

Bazofia

Los periodistas somo una bazofia dentro de la sociedad. Lo somos porque lo merecemos. Yo, al menos, lo merezco. Por todas y cada una de las veces que hemos contado los acontecimientos que conforman lo que nosotros mismos llamamos actualidad como si de verdad nos importaran. Cuando lo único que nos importa es poder llegar a casa, con el mayor número de neuronas posibles para poder ponerlas a descansar en un sofá al que le dedicamos toda la tarde, en una conversación pausada sin cifras macroeconómicas ni quinielas con nombres y cargos o en la frívola actividad de descargarnos nuestra serie favorita por internet. Y yo, como bazofia que soy de esta sociedad nuestra que se mueve al ritmo de la actualidad que nosotros mismos inventamos y marcamos, he recibido otra de esas bofetadas que nos llevamos en la cara y con la mano abierta todos los que vamos con la cara por delante en esta vida, perra y puñetera la mayor parte del tiempo. Cuando una voz familiar y querida, al otro lado del teléfono, te comunica que la actualidad ha hecho tangente con tu realidad y que eso que ha llenado páginas y páginas de periódicos y minutos y minutos de informativos, se ha metido en tu salón para sentarse en tu sofá, inmiscuirse en tu conversación y colarse en tu serie favorita para arruinarla. Y de repente las cifras macroeconómicas dejan de serlo y los grandes planes de ahorro que tan estupendos parecían se vuelven inhumanos. Y la Macroeconomía, la Política y el reparto de Poder adquieren la forma de una caja de cartón en la que tu pareja tiene que meter sus pertenencias de los últimos cinco años. Es ahí, cuando la actualidad adquiere esa cara, cuando la bazofia que soy se dice a sí misma: "Ostia, si esto era lo que yo estaba contando". Y te pega la bofetada con su mano abierta. Y se marcha, con su aire chulesco, la muy puta.

lunes, marzo 29, 2010

Símbolos

Este pilar es el más famoso del mundo. De mi mundo al menos. Está dentro del triángulo mágico de mi infancia. Pocos niños del entorno Santo-Altozano-Peñalta han llegado a la adolescencia sin probar sus heladas aguas. Yo me caí un par de veces tratando de emular a los mayores en la odisea de cruzarlo de un lado al otro. Una de las veces lo recuerdo con total nitidez. La caída, mi cabeza bajo el agua, la vecina Angelita rescatándome, mi abuela y mi madre secándome sobre la mesa lo más rápidamente que podían, el cachete en el culo para que no volviera a hacerlo... Recuerdo que tiritaba. Lo que no recuerdo es el limo verde en el que malnadan tres peces de colores en esta mañana primaveral en la que hago parada improvisada con María y Gregorio.
Si yo tuviera que elegir los símbolos de mi pueblo, puede que eligiera este pilar. Puede también que eligiera a este hombre. Antonio el Bomba, más conocido ahora como El Yupi. Cuentan que fue en tiempos un excelente albañil. Ahora, no hay forastero que llegue a mi pueblo que no reciba su bienvenida en forma de mano cóncava. Yo lo admiro. Por muchas cosas. Entre ellas porque es de las pocas personas que conozco que se toma hasta catorce cafés en un día. El más pequeño de mi familia ha demostrado tener, a sus dos años, vocación de monanquillo. Y, al verlo con sus compañeros, descubrí que por sí solos son ellos también un símbolo. No sólo del Domingo de Ramos, ni siquiera de toda la Semana Santa y de las tradiciones. Son un símbolo de la infancia misma en Cortegana. Un símbolo de la felicidad con cabello repeinado y cesta con caramelos. He descubierto que si mantengo al día la relación con los míos, con mi pueblo y con el buen humor no tendré que llorar nunca por la pérdida de mi abuelo porque siempre estará conmigo.

martes, marzo 23, 2010

En peligro de extinción

Diez linces se van a morir en los próximos meses de lo mismo que han muerto cuatro estas semanas atrás. Se han puesto malitos de los riñones. Una enfermedad que tienen los gatos domésticos. Al fin y al cabo, los criados en cautividad se diferencian poco de ellos.
Esto es una señal divina, sin duda. La Naturaleza se empeñaba en extinguirlos y el Ser Humano en recuperarlos. ¿Acaso millones y millones de dinero público pueden cambiar los planes del destino? Ojalá que sí. Cinismo aparte, esta tarde en el Centro del Acebuche al que acudíamos sin saber la mala noticia que íbamos a tener que contar, a Astrid Vargas, la bióloga estrella de los planes de recuperación de animales en peligros de extinción, le ha costado mantener el hilo de voz. Y no es para menos. Toda una vida dedicada al sueño de ver correr a los linces ibéricos repoblando la Península para que, precisamente ahora, a pocos meses de las primeras sueltas en los campos de Córdoba, venga una enfermedad a estropearlo todo. Una, por cierto, que calcifica los riñones de estos felinos y que no tiene cura. Por lo pronto han empezado por dejar de vacunarlos, cambiarles la alimentación y las vitaminas. Por ahora, pocos resultados.

Linces enfermos (Reportaje Emisoras-Huelva)

Y todo el mismo día en que otro onubense, José Juan Díaz Trillo, promete su cargo como Consejero de Medio Ambiente... ¿Otra señal divina? Yo, por si acaso, y como me cae simpático, le voy a recordar esto:

jueves, marzo 18, 2010

El no-periodismo (Toma 3)

Google es el oráculo de nuestros tiempos. Es una herramienta importante y útil que los que nos dedicamos a esto del periodismo hemos convertido en fundamental. Puede que por las prisas con las que trabajamos, por las presiones, porque cada vez conjugamos menos el verbo contrastar... Sea lo que sea, hay un abuso de la búsqueda en internet para la elaboración de noticias que nos deja anécdotas escalofriantes.
Muchos recuerdan las fotos de los menores del entorno de Marta del Castillo (y de la propia Marta) sacadas de Tuenti rulando por las pantallas de todas las casas de España (por cierto, que dos cadenas han tenido que pagar. Muy bien que les está). Pues bien, lo de esta semana ha sido todavía más doloso. Lo podemos leer en El Periódico, por ejemplo.
Resulta que los gendarmes consiguen detener en Francia al etarra Joseba Fernández Aspurz, de nombre y primer apellido tan común en Euskadi que los compañeros de la Agencia EFE recurren a Internet y encuentran unas fotos de un exmilitante de Ezker Batua-Izquierda Unida que se llama igual. Y sin que nada tuviera que ver Joseba Fernández González con Joseba Fernández Aspurz, los de la agencia colocan el careto del primero como si fuera el del segundo. Cuando el Joseba Fernández no terrorista se da cuenta del error, tiene que descolgar el teléfono y decirles a los de EFE algo así como: "Oigan, señores periodistas de la Agencia EFE, que creo que se están equivocando, porque yo en mi vida he estado en Francia ni estoy detenido. De hecho estoy en mi casa tomándome un Cola-Cao y cagándome en su puñetera madre". O algo por el estilo. Y lo peor de la historia es que, aunque el error fuera rápidamente corregido, nos ha dejado a la profesión completamente en cueros. Porque tenemos todos las manos sucias de abusar de este tipo de prácticas en estos tiempos en los que sacar una foto errónea cinco minutos antes es más importante que sacar una foto buena cinco minutos después. Y no hay excusas, aunque sí haya presiones y mucha rapidez en el trabajo, como decía al principio. En esto fallamos y lo hacemos porque, entre otras cosas, somos cada vez más inmediatos y menos reflexivos. Indro Montanelli dijo:
Cuando uno cabalga sobre una noticia quiere cabalgar sobre un caballo ganador. Ésta es la tentación del periodismo y hay que combatirla.
Y los de la revista El Jueves nos caricaturizaron así de bien.

martes, marzo 16, 2010

Hoy me mojo

Un teletipo ayer, un corte en el matinal, las reacciones en los periódicos... Pero no fue hasta que un compañero me preguntó ¿Qué te parece lo de Juan José Cortés? hasta que no me he dado cuenta de que realmente la noticia le estaba importando a la gente. A mí ni un poquito. De hecho yo no la hubiera ni contado, la verdad. En esto de la información, el criterio es lo que nos diferencia a unos de otros.
Y no lo haría por un sin fín de motivos. Para explicarlos tendría que remontarme al inicio mismo de la conformación del personaje y a la culpa que hemos tenido los medios de comunicación por uno de los males de nuestra profesión: La oportunidad. Juan José siempre ha estado ahí. Siempre ha cogido el teléfono, siempre ha bajado a la plazoleta para atendernos, siempre ha hecho la declaración que esperábamos con su verbo directo y sencillo... Y cuando nos hemos dado cuenta, aquí está, en la segunda línea de la primera línea de la política. De asesor del partido de la oposición en lo que a reforma del código penal se refiere. Ahí es nada.
Dice Grego "Eso se veía venir". Pues no, no se veía. Al menos yo, que creía que en este país ese tipo de cuestiones no se hacían con las entrañas, si no con la cabeza. Y Cortés, que no deja de ser un ciudadano (acertadísimo el título que eligió Sanchez Mellado para su libro), no está cualificado para esto a pesar de ser, como es y eso no lo niega nadie, una víctima del pésimo estado de nuestro sistema judicial.
Y todo esto el mismo día en que cuando llego a casa me dice mi suegra: "La Belén Esteban dice que va a votar otra vez al PP y los del Sálvame lo han dejado un rato escrito en la tele". Toma ya. Y ésta sí que es una creadora de opinión en nuestro país, que hasta una concejala onubense me dijo hace poco eso de "yo ma-to". Pero en fin eso es otra historia.

lunes, marzo 15, 2010

Los emic y los etic

Mi prima María es de esas privilegiadas que ha podido estudiar una segunda carrera. Es un tía inteligente que de chica se arrancaba su propio pelo y se chupaba su propio dedo, pero ya nada de eso. A la vuelta de nuestra visita al hospital, una conversación sobre el matrimonio ha terminado en una disertación sobre Antropología, que es la ciencia que ahora le apasiona, más que nunca hizo el magisterio.
Me hablaba mi prima de sus pasiones: los emic y los etic, que para ella son el corazón mismo de la Antropología y por eso, decía, ahora disfruta más que antes las relaciones con sus paisanos. Para ella, el emic era ella misma en el pueblo con sus amigos y el etic las charlas con sus compañeros de la facultad al sabor de una cerveza.
Y ahí encontramos un punto encuentro. Porque a mí me pasa parecido. Aunque puede que tuviera que cambiar Antropología por Periodismo, o quizá no, porque el sustrato de ambas creo que es el mismo.
Y en el saco de mis emic el delicioso primer sol de primavera, un paseo por el campo con amigos, los juegos con mis primos, la palá de brasas y los periódicos, las avellanas apoyadas en un banco del paseo, la gente que sale de misa, las palomas, los padres primerizos que muestrana sus niños en un carrito recienestrenado, el sabor de las migas, el rocho, el querido, las lajas, las culapás, la alberca con limo...
Y en el de los etic el despertador a las 5.30 A.M., el correo, el reparto de temas, las lecturas y las escuchas de primera hora, las esperas, la paciencia, las tensiones, los bostezos, los temas propios, los teletipos, los boletines, los canutazos, las previas, los solo-para-gráficos, las contraportadas, los yo-me-tenía-que-haber-dedicado-al-arte, las contracturas, las llamadas, las rellamadas, los te-paso-por-mesa, los apretones de mano, las preguntas cómodas, las preguntas incómodas, el café rápido, el sms del 112, la hora en el culo...
Y en el principio de todo, una redacción primera. Donde aprendí qué era un teletipo, una sección, un jefe de sección y un jefe de área. También un tema especial y una ronda de emergencias. Donde descubrir a Marco Aurelio me fue más útil para mi vida que las técnicas del dreamweaver. En la que firmé mi primer artículo y aprendía a distinguir una entradilla de un ladillo y un pie de foto engatillado de un breve. Eso y lo de las heridas por las que se reconocen los que sirven para este oficio. Y tantas otras cosas, como las grandes personas que se escondían tras aquellas bestias profesionales, que el viernes pasado se juntaron para recordarse los unos a los otros y celebrarse. Pero yo falté.
Puede que mi prima, la antropóloga, dijera algo de que un emic se cruzó en mi camino.

viernes, marzo 12, 2010

Sorderas temporales

Últimamente hay mañanas que me levanto sorda. Hipuacúsica, creo que corregiría mi hermana. Una especie de estado en el que mi voz es la predominante y tengo que esforzarme sobremanera para escuchar la voz de los demás. Las estridencias me molestan y la realidad se deforma. Algunas mañanas, como la de ayer, el esfuerzo ha sido tan grande que escuchar la débil voz de uno de mis compañeros en el desuyuno se me hacía casi imposible con el ruido de la máquina del café, las voces de alrededor y el sonido del las tazas chocando contra los platos. Pero me esforzaba, a pesar de todo. Hasta puede que esté desarrollando más otros sentidos, como el de la vista, que hacía que la cara de Díaz Ferrán que salía por el televisor del bar se me metiera directamente en mi mente. Y con mi vista de más y mi oído de menos, fueron pasando las horas y los sonidos de los demás volvieron a llegarme poquito a poco. Cuando quise darme cuenta, el sonido de la conversación de mis amigos, el reflejo de las velas, el brillo en los vasos y los botellines, el olor característico de los bares de la Alameda sevillana, el sabor de las tapas y hasta la presencia de los perros iban teniendo la misma presencia que mi propia voz dentro de mi cabeza, hasta que llegaron a tenerlo más. Y entonces empecé a disfrutar. Porque no hay esfuerzo más grande que evitar el sonido de la propia voz. Sólo así puden sonar los matices de las voces de los demás.

sábado, marzo 06, 2010

La ley de la planta

A la planta ha subido una señora. Pasó horas sola en cuidados intermedios y sigue sola ahora, seis días después. Dicen la enfermeras que no está bien de la cabeza y lo que digan las enfermeras es sagrado, porque ellas son las jefas de la planta.
Lo cierto es que la señora no para de gritar. La han cambiado tanto de habitación para que no molestara a su compañera que ha terminado en una individual frente al mostrador de la enfermeras, centro neurálgico y de toma de decisiones de la planta.
Una noche, no hace muchas, la señora apareció en mitad del pasillo caminando y arrastrando todo a lo que estaba atada: la bombona del oxígeno, el suero... Cuando las enfermeras lograron retenerla ella intentó convencerlas de la importancia de la misión: "Tengo que decirle una cosa al cocinero". Argumento insuficiente para librarse de un buen chute y veinte horas de sueño.
Dicen en la planta que la señora no es de aquí, que habla muy fino y que pobrecita-verse-sola-en-la-vida. Y la compasión de los habitantes del resto de habitaciones creció hacia esta señora cuando, sin nocturnidad ni alevosía, otra señora más joven, bien vestida y pintada, acompañada por un hombre de chaqueta y maletín, pidió al responsable de una planta "los enseres personales de esta señora que tenemos orden del juez". Y se llevaron sus anillos, sus pulseras, su collar y hasta su monedero metidito todo en una bolsa transparente que mostraron pasillo alante como se muestran las vergüenzas.
Y es una pena que no tenga un familiar para que le haga esas cosas que hacemos los familiares: dar conversación, acercar el vaso del agua, escuchar atentos al oráculo de bata y zuecos como si de verdad entendiésemos lo que dice, sonreir a las enfermeras y dar las gracias cada vez que vienen a tomar la temperatura y el pulso, acercarnos hasta el carrito para coger la comida, buscar mil posturas en el incómodo sillón, conocer de oído todos los pueblos del entorno sin salir del hospital comarcal o retirar el orinal.
La señora podía tener un familiar, aunque fuera el enorme hijo treintañero y desdentado del compañero de mi abuelo que no para de repetir: "Mi chiquillo es un buen muchacho. Nunca se ha acercado un cigarro a la boca. No como esas niñas de ahora que... que... tres, tres, tres hay ya preñás en Campofrío". Pero no lo tiene y puede que muera sola, como está viviendo, sin nadie que cosa junto a ella un paño de ganchillo.
Por cierto, que hoy ha llegado a la planta la noticia que, finalmente, el Ulises de Higuera ha fallecido.

lunes, marzo 01, 2010

Noches de carnaval

A mí no me importaría vivir en un carnaval eterno, en una noche carnavalera que durase 365 días repetidos hasta el fin de los tiempos. Porque una noche se me queda chica y una vida entera no se me queda tan grande. Puede que así lograra disfrutar en las dimensiones que se merece de la copla compañera, de las sonrisas de complicidad, de los sobreentendidos para los que basta apenas una mirada, de los amigos de una noche que son amores para toda una vida, de las lágrimas de emoción al escuchar cantar a otros una copla que era tuya, de los abrazos y de los guiños... Demasiadas cosas para una sola noche. Menos mal que queda el recuerdo, nebuloso y manipulado por las emociones, pero recuerdo al fin y al cabo. Que si lo necesitas en una noche de hospital, pues ahí está para tirar de él y convertir una experiencia desgraciada en una más de la vida. Menos mal que queda el recuerdo para pintarme una sonrisa justo ahora, cuando tomo de la vida su sentido más desesperado. Y de la mano de mi sonrisa y de mi recuerdo, llegan las sonrisas de mis amigos y compañeros carnavaleros, los aplausos de nuestra gente, sus pelucas, sus disfraces, las pinturas de sus caras, la poca vergüenza sobre el escenario, el sabor del chorizo chorreante, el sonido de sus gargantas buscando el tono, el esfuerzo de sus memorias y hasta el homenaje de sus letras. Se supone que debería estar triste porque una de mis fiestas preferidas ha llegado a su fin. Pero no se merece el carnaval ni una sola cara larga. Por eso pienso dedicarle lo que queda de año sólo sonrisas y buenos recuerdos. Puede que así, cuando menos cuenta me dé, vuelva otra vez a mi lado.