miércoles, febrero 24, 2010

Ahora que las lluvias...

Acaba de decir en Huelva el delegado del Gobierno en Andalucía que los dispositivos están funcionando a las mil maravillas. Ese tipo de sentencias, cuando vienen de labios oficiales, tranquilizan por un lado y por otro levantan suspicacias. Esta mañana el Guadalquivir era una bestia de agua que se salía de madre ya desde Jaén y hacía temer lo peor a cordobeses y sevillanos. Pero es que hace apenas unos días eran los alrededores de Jerez los que, por segunda vez, se llenaban de agua hasta las trancas, o lo que es lo mismo, hasta las botas mismas de mi amiga Ana Belén que, mientras repostaba en una gasolinera en su trayecto Algeciras-Cortegana pensó en este blog porque ella tuvo también necesidad de mostrar lo que estaba viendo. Y lo que veía era tan húmedo, tan mojado y tan inseguro que tardó unas 5 horas en hacer su trayecto. Y como tanto ella como yo somos carnavaleras me dijo disfrazada, con un cubata en la mano: "Prima, tienes que subir estas fotos a tu blog con mi pasodoble preferido de este año". Y ahora veréis como todo cobra sentido.

martes, febrero 23, 2010

Exaltación de la amistad

Sí, ya lo sé, le pasa a todo el mundo. Lo de emborracharse y querer má que nunca a sus amigos. A mí también me pasa, ni más ni menos que a los demás. Pero quería hacer una serie de fotos bajo ese título y las hice. Éste es el resultado después de haberle sumado una peluca carnavalera.

viernes, febrero 19, 2010

Una cita con el ingenio

Con el ingenio, con la libertad, con las sonrisas, con la inteligencia... Mi cita de cada febrero con Cádiz es con todas estas cosas y muchas otras. Por eso intento no fallar ningún año, porque me hace falta para recargarme las pilas y volver a confiar en la capacidad de ser humano para hacer felices a otros seres humanos.
De tablao en tablao, de esquina en esquina, de barra en barra... Este año hemos tenido la presencia de la lluvia que ha sido buena (porque nos ha permitido disfrutar de un carnaval más íntimo) y ha sido mala (porque ha deslucido la fiesta grande de los gaditanos y ha llenado de agua nuestros abrigos). Pero es que en carnaval, todo es dicotómico, hasta la máscara misma que los simboliza, mitad risa y mitad llanto.
Yo voy por las calles de Cádiz intentando encontrar siempre el equilibrio. De día, cuando el sol lo permite, en el sabor del cazón en adobo y las papas aliñás en un velador de la calle de La Palma donde vuelvo de noche para buscar en las calles adyacentes y en las callejuelas de El Pópulo el encanto de la palabras sin corsés.
Y casi siempre encuentro todo esto y el buen rollo, y las sonrisas y el compás y la chispa que en Cádiz y en carnaval son los elementos del ADN de los que se ponen el disfraz y nos permiten a los demás disfrutar de su propia disfrutina.

domingo, febrero 14, 2010

Fuenteheridos íntimo

Ésta es la casa de mis sueños. Me imagino asomada desde ese balcón al frecor de las noches de verano y mirando a la plaza, criando aquí a mi limonero junto a los árboles frondosos del patio delantero. Está en Fuenteheridos, que a mí siempre me ha parecido un pueblo muy especial. Hasta cuando lo veía desde el autobús que me llevaba y me traía de Sevilla en mis años de estudiante sin coche propio. Desde ahí, lo consideraba un coqueto pueblo blanco y empedrado.
Cuando ya entré en él descubrí no sólo el murmullo incesante de las aguas de sus fuentes, también las mil y una posibilidades de un pueblo con un toque ecléctico e internacional. En la plaza, han puesto hace poco más de un año una pastelería. Son todos dulces argentinos. Un bocado exquisito que te transporta a cualquier callejón tanguero, a pesar de no haber pisado nunca Buenos Aires. No hace falta. Las tartas, los alfajores... Junto a los dulces hay un panel de corcho repleto de información de todo tipo que trae la gente a sabiendas de que esta pastelería se está convirtiendo en el epicentro de la Sierra: Próximos eventos culturales, intercambio de casas, propuesta de vida nueva en la aldea hippy de El Calabacino... Un surtido casi tan interesante como el de los dulces mismos.
Y con los dulces en la mano, una de las opciones puede ser cruzar el paseo y tomar un café en el bar regentado por ingleses. Si es nuestro día de suerte, puede que hasta consigamos los sofás y nos sintamos como en una de esas cafeterías intimistas neoyorkinas que nos muestras las series de televisión. Pero esto es más auténtico, porque la mesa sobre la que descansan el café y los dulces es, en realidad, una antigua cocina de carbón. Y entre la decoración de lámparas, cestas y otros ornamentos, la joya de la corona: Una librería preñada de libros de arriba a abajo en diferentes idiomas. Una rara-avis que puede que no sea tan rara. Al fin y al cabo, ésta es tierra de escritores.

Senderos y construcciones

Puede que esté siendo uno de los fines de semana más fríos de todo el invierno. Puede que no. Es dificil saberlo cuando el frío no deja de sorprenderte cada vez que te bajas del coche el viernes. Seguramente cuando vivía aquí estaba acostumbrada y era como las niñas de 14 años a las que veo por mi pueblo sin chaquetón. Yo este fin de semana he sacado el mejor que tenía, con forro polar incluído.
Lo bueno de venir a mi propia tierra como turista es que la disfruto de una forma diferente. Soy consciente de que el tiempo se me acaba y que nuestro encuentro tiene las horas contadas. Por eso ayer, por ejemplo, decidí darme un paseo por el "camino de losjarvos" (así es como suena fonéticamente cuando lo dicen mis vecinos). Un sendero de piedras que sale junto a mi propia casa y que hacía unos diez años que no recorría. Casi los mismo años que tiene mi acompañante, mi vecina María.
Y resulta que me decepcioné porque en esta década han proliferado junto al sendero un número exagerado de construcciones: cuadras, perreras, cortijos y hasta casas de tres plantas. Y me ha sorprendido tener que andar más de medio kilómetro para encontrarme el valle verde que hacía tan especial este camino corteganés.
Por lo visto nuestra sierra está sirviendo de experiencia piloto al Seprona y dicen que aquí te llevan ante la Fiscalía en cuanto inclumples la ley de ordenación del territorio. Debe ser que la Guarda Civil no ha pasado nunca por este camino y, si lo ha hecho, ha mirado para otro lado.
Entiendo el privilegio de tener una casa con terreno estupendamente equipada a pocos metros del pueblo, pero más privilegio es tener las encinas y los alcornoques junto al núcleo urbano. Sentir que el pueblo está rodeado de campo allá donde mires. Cederle a los que vienen un Parque Natural libre de construcciones ilegales.

viernes, febrero 12, 2010

El tiempo y el espacio

La bufanda me cubría hasta la nariz. No habían dado ni las 6 de la mañana. Caminaba mirando al suelo. Me crucé con unos tacones primero, un pantalón de pitillo después y un top de tirantas. Encima, la melena rubia y la cara de cansada de una chica de unos 18 años. Éramos las dos únicas viandantes en esa esquina de la calle Alfarería con la Ronda de Triana, pero a pesar de ocupar el mismo espacio, vivíamos en dos días diferentes: para ella acababa un jueves de diversión y para mí empezaba un viernes de trabajo. Y se ha abierto entre nosotras un abismo completamente infranqueable, a pesar de la cercanía. Y los tirantes de la chica rubia trasnochada en la noche más fría de febrero formaban ya parte de mi corto recuerdo cuando en el desayuno mis compañeros han sacado el tema de las canas. Uno de ellos ha confesado: "La primera vez que me descubrí una cana en los pelos de huevos creí que era una pelusa y hasta me pegué un tirón. Pero no. Era una cana. Me fui para el sofá, me encendí un cigarro y estuve un buen rato pensando". Mi carcajada y la del resto de mis compañeros ha tenido que trascender el tiempo y el espacio. Y no he tenido nostalgia por estar haciéndome mayor y no ser yo la que me cruce al final de mi noche con los que empiezan su día.

martes, febrero 09, 2010

Adiós, Mercado del Carmen

Lo cerraron. El Mercado del Carmen, digo. Y dicen que van a derribarlo. A mí me da lástima (sobre todo después de haber estado hace diez días en Cádiz y ver lo que han hecho con aquel también centenario mercado). Pero, a pesar de todo he decidido despedirlo. Primero con amigos y tinto de verano...... después con un micrófono y desde la radio.

Nuevo Mercado de Abastos (Reportaje Emisoras-Huelva)

viernes, febrero 05, 2010

Sangre de tigre

"Ésta es de trigre. Me está entrando como un cañón... Ahora sólo queda que no se pelee con la otra". Yo tenía que estar pendiente a que la gota cayera. Si no lo hacía, debía avisar al enfermero rápidamente para que cambiara la bolsa de sangre. Desvié un momento la mirada y la fijé en el paisaje. Me era familiar. Mucho. Una pared de montaña modificada por la mano del hombre. Una corta pequeña. Me había costado reconocerla. Quizá porque no ha llovido. Si lo hubiera hecho, el olor que desprende la tierra minera me hubiera transportado a una época lejana. A mi primer recuerdo: la lluvia sobre la tierra roja y caliente. Volví la vista a la bolsa. La gota caía como debía. Mi abuelo tenía mejor color. Mis ojos volvieron a las letras de Skármeta. Ángel Santiago, Victoria Ponce y el humor de mi abuelo hicieron que el tiempo pasara más rápido. Llegaron mi madre y la noche. Cogí el coche de vuelta a Sevilla. No era la primera vez que iba a pasar de largo el desvío que indica Nerva. Pero esta vez no pude evitarlo. Entré en el que fue el pueblo de mi infancia primera. El que le pone escenario a aquella imagen, rumbo del colegio de la mano de mis padres una mañana de invierno. Recorrí algunas calles sin bajarme del coche. Me defraudé a mí misma. No recordaba nada. Ni una de las calles. Ni una de las casas. Ni la iglesia ni la tienda de chucherías Manoli que tiene pinta de existir desde antes del año en el que yo me marché a punto de cumplir los cuatro. Sentí el profundo dolor del olvido y busqué la salida. Cuando llegué a casa estaba agotada. Grego me besó. "Tengo que rotomar mi vida", le dije. "O paras el ritmo que llevas o te va a dar algo", me contestó. Cenamos sopa y nos abrazamos en el sofá. Cerré los ojos como intentando guardar para siempre esa sensación en mi recuerdo y sonreí. "Sangre de tigre..."