viernes, enero 22, 2010

Humo de cinco años

"Por favor que alguien venga a por nosotros. Tengo dos niños chicos y el humo se mete por debajo de las puertas. Que venga alguien y nos saque de aquí"
Recuerdo que la voz de la mujer terminaba en llanto y una lágrima corría por mi mejilla justo cuando se lanzó el corte en aquel informativo. Todo fue muy rápido y en directo.
Corría el verano de 2004. Finales de Julio. Yo compaginaba entonces prácticas veraniegas. Las tardes las echaba en Canal Sur Radio, en la Isla de la Cartuja. Apenas unos minutos antes de las ocho, un teletipo alertaba de que el fuego de Riotinto alcanzaba importantes dimensiones. Recuerdo que decidí meterme en la cabina de grabación con la guía telefónica bajo el brazo. Marqué varios números al azar y en uno de ellos esta señora me mostró así su miedo ante un incendio que estaba a pocos metros de su casa. La propia mecánica del trabajo no me hizo apenas darme cuenta de su desesperación. Por eso se me saltaron las lágrimas cuando lo escuché en la emisión.
Todo lo demás es sabido por muchos: 35.000 hectáreas calcinadas de las provincias de Huelva y Sevilla, dos personas fallecidas... Uno de los mayores incendios de la historia de España. Recuerdo que un par de amaneceres después, al subir la persiana, había ceniza en la ventana de mi piso de Triana.
Un amigo mío trabajó por sofocar aquel fuego. Hace poco me dijo que nunca ha estado en nada igual. Era una de sus primeras experiencias como retén del Infoca. También fue una de mis primeras experiencias como periodista. Por eso esta semana me he acordado de él cuando miraba desde atrás y ante el juez al presunto pirómano, el único detenido. Un vecino de Riotinto, de apenas un metro sesenta centímetros, muy moreno. Parece increíble que de verdad causara él sólo semejante catástrofe. Repetía que era inocente.
Los testigos pasaron uno tras otro y muchos alegaron un tipo de amnesia repentina a la que deben estar acostumbrados jueces, fiscales y abogados. Cuando los peritos de la Guardia Civil terminaron, me dijo esto el abogado de la familia del matrimonio fallecido: "Lo que no puede ser es que se tarden cinco años en celebrar un juicio. Es mucho tiempo. La gente olvida".
Estoy de acuerdo con él en que no debían de dilatarse tanto este tipo de procesos. Pero no con lo del olvido. Podremos trabajar hasta que lleguemos a ancianos, pero estoy convencida de que mi amigo jamás olvidará el horror de aquellas llamas y yo nunca borraré de mi memoria la voz de aquella mujer. Su llanto pidiendo auxilio.

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