martes, diciembre 29, 2009

Soltar el micrófono

No eran más de treinta. Suficientes en una ciudad en la que son muy minoritarias. Sobre las pancartas: Justicia para Amelia o no más violencia. Lo mismo que habían escrito también sobre una bandera colombiana, país de la última de las víctimas que se ha cobrado en Huelva la violencia de género, la doméstica, la machista. Ésa que está en estos días en entredicho porque así lo quiere un juez polémico. Ésa que acompañamos de adjetivos como para intentar entender mejor lo peor del Ser Humano, que es capaz de apuñalar primero, y tirar desde un quinto piso después, a la que hasta hace pocos minutos era la mujer a la que amaba. No eran más de treinta, pero hacían mucho ruido. Tanto que sonaba por encima del ruido de la lluvia, del ruido de los coches, del de la ciudad en la que han querido trasladarse para ganarse la vida. La misma que eligió hace un tiempo Amelia para que su hijo de 11 años y ella tuvieran un futuro con más garantías que el que creía que le ofrecía su Colombia natal. Pero se equivocó. Y con ellos en el pensamiento, mi compañero Rafa y yo entrevistamos a una de ellas que soltó la tela para contarnos el miedo que sentía. Un miedo del que sólo le consolaba pensar que el peso de la Justicia caería sobre el joven cubano que no le había perdonado la vida a su amiga y compatriota ni siquiera por Navidad. Yo la escuchaba, con los pies y el alma calados. Y tuve que bajar la mirada un par de veces para que ni ella ni mi compañero se dieran cuenta de que estaba a punto de llorar. Porque, y me pasa más de la cuenta, la persona que soy se impone sobre la objetividad a la que supuestamente me obliga esta profesión que he elegido. "No te mojes mucho", me recomendó otro compañero. No eran más de treinta, pero tenían odio y furia. Más que un regimiento. Y en la entrada principal de la Audiencia Provincial de Huelva estaban solas porque faltaban las españolas que siempre encabezan este tipo de manifestaciones. Nadie del Instituto Andaluz de la Mujer, ni de la concejalía del ramo. Nadie del área de la Mujer de ningún partido político. Solas pero valientes en uno de los peores días que podía imaginarse. Por dentro y por fuera. Días, por cierto, en que lo único que querría es soltar el micrófono y coger las pancartas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A menudo pienso que la justicia no existe, sólo se escribe.