miércoles, diciembre 16, 2009

Paredes de papel

Primero fueron los golpes de la obra. Me desperté de mal humor. Luego la conversación de la hija de mi vecina de arriba. Ahora los zapatazos contra el suelo de alguien con prisa por subir la escalera. Me recuerdan aquellas mañanas universitarias en las que me quedaba en casa. A veces lo hacía para estudiar pero el jaleo de esta casa entre dos casas apenas me dejaba. Los peores días eran los martes y los jueves. Con ellos llegaba la limpiadora y su elevado tono de voz que se me metía en la mente con bastante más facilidad que los párrafos de dieciséis líneas sin puntos de mis apuntes de teoría de la información.
Y eso que nosotros acostumbrados estamos. Acaban haciéndolo también los que viene a pasar alguna temporada a nuestro piso: En la habitación de invitados, lo más normal es que el sueño termine a las 6.50 A.M, justo cuando el vecino golpea su maquinilla de afeitar contra el lavabo que está a una pared de papel del cabecero de la cama. No han sido pocos, también, los que no han pegado ojo a causa del eco de la música de la discoteca de debajo que trae ritmos similares a los que ponen los canales locales en sus películas pornográficas.
Y en esta mañana de ruidos, mientras escucho como abre la puerta una de mis vecinas y enciende la luz del pasillo tiene que ser la fuerza de la experiencia la que me confirme que no vive en mi misma casa. Y me vienen a la mente todos los ruidos que me hicieron compañía en mañanas solitarias como ésta, lejos del ruido de los micrófonos, los teclados, los sucesos y las declaraciones. Lejos, en fin, del día a día de las cuidades que hoy cambio por una mañana solitaria.

1 comentario:

Ana Belén dijo...

...tinto de verano...demasiado tinto...
Me ha hecho recordar a Los tinto de verano de J.C.Aragón, jejjeje