domingo, diciembre 20, 2009

Codos y barra: El Ferretero

Es verdad que un día aquello fue una ferretería pero en la memoria de las generaciones anteriores no están ya los clavos y las puntillas si no el sabor del vino Salas de un domingo después de misa cuando se podía beber y fumar con quince años en un bar cualquiera.
Pero lo fue, y en las paredes cargadas de trofeos de caza y fotografías de romerías pasadas hay una foto en blanco y negro de cuando Ferretero padre se parecía tanto a Ferretero hijo que casi parecen la misma persona. Y hubo un buen día que alguien cayó en la cuenta de que los montaítos de lomo dejaban más dinero que los espiches y decidieron cambiarlo todo y llamarle al bar "Los Pinchitos", aunque nadie nunca jamás en Cortegana fuera a llamarlo de esa manera.
El Ferretero guarda una esencia, una identidad propia diferente al de resto de bares que conozco. Por eso, aunque nunca haya de nada de lo que me gusta beber, acabo una vez más con el codo en su barra porque este codo y esa barra tienen un pacto cuyas condiciones ni yo misma conozco todavía.
Y forma parte de su esencia el hoy no he podido ir a Guillermo, pero si quieres me acerco en un momentino, Te juro que el próximo día te tengo ginebra, No te puedo poner nada de comer, Ricaaaaardo, subeeeee y hasta el Se habrá quedao acostado porque hoy no ha abierto el bar. Un caos y una desgana que hace que vuelva con más orden y más ganas a ese refugio con futbolín al fondo donde durante tanto tiempo mis amigos han dejado olvidadas sus guitarras a propósito.
Y ha sido en esa barra donde este fin de semana he visto por la tele el rostro refigurado de Belén Esteban como seis millones de televidentes más (buena columna de Boyero hoy en El País), he asistido de testigo improvisado a una conversación de literatura, homosexualidad e insultos y he cenado un exquisito queso regado con cubata mientras otro solitario habitante de la barra me confesaba las bonanzas de los quesos de tres leches. He arreglado también el mundo varias veces y hasta he encontrado un ratito de intimidad con mi pareja en estos días de homorragias, médicos, nervios y viajes a Rio Tinto por la peor carretera de España.
Anuncios de bodas, comidas en Nochebuena y celebraciones de Navidad, la falta de cobertura, las paellas de Feliciano, los preparativos para subir al escenario, las charlas carnavaleras con dvd de fondo, el gusanillo y el sevillaneo... Y mucho más. También mucho menos. Pero eso lo tienen que descubrir los que decidan suscribirse a este extraño pacto entre codo y barra. Yo, por mi parte, para el próximo día me estoy planteando llegar cenada y con la botella bajo el brazo para preocuparme solamente de disfrutar de las compañías a un lado y otro del mostrador.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te acuerdas de aquella noche que fuimos desesperadamente a comprarle un botellón de ginebra y nos lo preparó en una garrafa enorme con nosecuántos botellines de fanta de limón??? jajjjaj...Es único... Y cómo terminamos...era garrafón, claro, y nunca mejor dicho...

Estábamos tod@s invitad@s a una bodeguita...

flor dijo...

Todos mis amigos de Granada, han oído hablar del ferretero. Muchos, la mayoría, se desilusionan al verlo, supongo que en mis explicaciones se unen nostalgia, amistad, momentos...que ellos no encuentran al entrar.
Para mí un ritual más como el comer las uvas en nochevieja, es ir el mediodía del 24 a beberme una copita (o las que caigan),y si puede ser con pandereta y ganas de cantar villancicos. Espero veros allí, pa compartir estos momentos con todos!!!