martes, diciembre 01, 2009

El día que me hice mayor

Primeros problemas con el fisco. Hacienda exige a los proletarios una vida ordenada. Y yo con los papeles perdidos. Tenía que tener al día el 2008 y no soy capaz ni de recordar lo que almorcé ayer. Pido número, me atienden en una ventanilla. "Le faltan papeles, mireusté". Me estoy haciendo mayor. Trámites bancarios. 45 minutos perdidos en una de esas mesas detrás de las que hay hombres con corbata que parecen no hacer nunca nada. Uno de ellos me mira por fin: "Busco el rastro de una cuenta cancelada hace más de un año". Trata de ayudarme sin mucho éxito. Me estoy haciendo mayor. Conversación con mi casera. Intento explicarle que con un simple folio firmado por ella pueden terminar mis quebraderos de cabeza con el papeleo. Se muestra reacia primero e insolidaria después. Me confiesa que ella ya se ha beneficiado fiscalmente de haberme alquilado su casa. No me enfado con ella. Con su marido tampoco, que me llama más tarde para confirmarme que jamás tendré el puñetero papel. Me estoy haciendo mayor. Trabajo a trancas y barrancas. El nerviosismo que me causa la puta burocracia lo paga mi jefe de informativos. Me reconoce que él también tiene problemas y no los va contando por ahí. Lleva razón. Vuelvo a llamarlo. Le pido disculpas. Me estoy haciendo mayor. Recibo una llamada. Algún día tenía que ser y va a ser éste. Decido acudir por primera vez a los tribunales. Acepto ser conejillo de indias. Me veo a mí misma mirando a los ojos del juez. Siempre quise hacerlo, como en las películas. Me estoy haciendo mayor. Comida de hospital. A la sala de espera de urgencia sólo puede acceder un familiar. Me lo recuerda el de seguridad cada vez que intento pasar. Espero en el pasillo, junto a la puerta. En apenas hora y media desfilan decenas de enfermos a los que tardarán horas en atender. Entre ellos, dos viejas con la cadera rota. A estas alturas ya he aprendido que la rotura de cadera es lo peor que le puede pasar a las viejas tan viejas. Me estoy haciendo mayor. Tarde en Ikea. El paraíso de la frustración pequeño-burguesa. Caigo en la cuenta que llevo más tiempo de la cuenta en la zona infantil. No puedo reprimir comprarles uno de esos coloridos juguetes a las niñas de mi amiga. Me estoy haciendo mayor. Compra en Mercadona. Siempre la misma lista que me sé de memoria. Tienen buena pinta los langostinos. El joven y moreno pescadero me los echa en una bolsa que cierra sin mirarme. "¿Algo más señora?" Logra hacerme sentir mal y casi invisible. "Nada más, gracias." Me estoy haciendo mayor. Llego a casa. Grego me besa y me ayuda con la compra. Me llaman mis compañeros para ver qué tal me ha ido el día. Me arrancan varias sonrisas. Mi primo Manuel Jara, de dos años, también suena desde mi casa en Cortegana al otro lado del auricular: "Prima, te quiero mucho como la trucha al trucho". Le ponen al día lo que le faltó desde el principio. Cuando acudo al baño lo entiendo todo. Me está bajando la regla.

2 comentarios:

danirmartin dijo...

Un abrazo gordo... hoy te hará falta.

Anónimo dijo...

Los mayores pasean, juegan al dominó, presumen de sus hijos en las peluquerías, coleccionan recetas y buscan diosas del destape olvidadas en sus inocentes paseos por internet. Eres todavía un gurumelo rompiendo la tierra. Los mejores. Totalmente.