martes, diciembre 01, 2009

Botadura

Estábamos tan cerca que apenas nos dábamos cuenta de la dimensión de este barco y estaba todo tan desorganizado y tan sumamente atestado de gente que tampoco podíamos disfrutar del momento. Pendientes de las declaraciones institucionales de turno, de que las conexiones funcionaran, de que el invitado acudiera y de que los cortes se sacaran, apenas me di cuenta de que estaba asistiendo a uno de estos acontecimientos que formarán parte de la historia cuando pasen muchos años. Y conectada al móvil, con la llamada en espera, mientras escuchaba unos titulares tras los que iba a contar la botadura del Galeón Andalucía, por fin fui consciente de que estaba participando en este momento. Delante de mi, el enorme barco de madera, de una altura similar a la de un edificio de cinco plantas, retrocedía en dirección a las aguas de la ría muy lentamente. De repente, un ruido. Las cadenas que corrían más de la cuenta arrastradas por el peso del barco me hicieron levantar la vista de mi cuaderno y entonces lo vi. El Galeón Andalucía ya estaba en el agua. Y flotaba. Y todo el mundo respiró. Y los responsables se abrazaron. Y los vecinos de Punta Umbría que acudieron a verlo aplaudieron. Y un viejo cojo y con un ojo de cristal que se coló en la zona de prensa corrió todo lo que pudo apoyado en su bastón para subirse a la tarima roja donde estaban las cámaras de televisión para verlo todo mejor. Y los ojos se me humedecieron. Un poco por el viejo y sus torpes andares y otro poco porque no pude reprimir sentir lo mismo que los de mi alrededor. Y entonces entré: "Ya está en las aguas de la Ría de Punta Umbría, este mastodonte de madera, el Galeón Andalucía..." Y a pesar de tener un oído en Madrid, otro en Sevilla, y la cabeza entre esas dos redacciones, el cuaderno y la grabadora, supe que tenía el corazón y los ojos en Punta Umbría, delante de un barco tan grande como precioso. Y me sentí, otra vez, privilegiada por haber elegido una profesión que me permite ser testigo de cosas tan especiales y transmitírselas a todos los que no han podido verlo con sus propios ojos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Y las que te quedan por ver, Paloma. Cosas como esta que has vivido son las ÚNICAS que compensan tantas prisas que acaban sustituyendo lo importante por lo urgente. Se lo que has sentido y, afortunadamente, después de 30 años de profesión, yo sigo sintiendo lo mismo. A veces por pequeñas cosas, que quienes me rodean ni siquiera distinguen, pero otras por momentos en los que sólo la experiencia te dice que serán irrepetibles. Disfrútalos y nunca dejes que intenten estropeartelos. Con el paso del tiempo, te darás cuenta que tu le sacaste todo el jugo y ellos no. Peor para ellos. "El chiquitín"