domingo, noviembre 22, 2009

Vino y bodas

"Estos aromas nunca se olvidan. Podrán pasar veinte años que, si vuelves a probarlos, sabrás que los tomaste aquí". Me lo contaba uno de los dos hermanos que este sábado nos han abierto la puerta de su bodega, una de las muchas que hay en Montilla, más pequeña, familiar y artesanal que otras, que para nosotros ha supuesto la entrada al mágico mundo de los sabores, las maderas, las migas sin patata y la embriaguez planificada. El que bebo en esta primera foto es la joya de la corona de esta bodega. Tiene 73 años. Una pena no entender de vino para poder saborearlo mejor.
Escuchar el siempre en las palabras de este bodeguero, me hizo revivir los problemas que ahora tengo con la vida y su puñetera fragilidad. Con su fugacidad. Con sus putadas. Él continuó: "Pero esto va a perderse. A ninguno de nuestros hijos les gusta esto, aunque nosotros les dejaremos nuestras botas (aquí llaman así a los barriles) cuando nos muramos". Otra vez la fragilidad de la vida, casi tan traicionera como los efectos de esos aromas que, según el bodeguero, no se olvidan.
Durante este fin de semana he intentado contrarrestar mis desconocimientos de enología (que ahora son un poco menores) con el conocimiento de 19 de mis amigos. Algunos decidieron que el viernes era el día perfecto para anunciarnos que marquemos en rojo tres fechas en nuestras agendas y no hagamos planes porque se han propuesto que el 2010 sea un año de bodas y despedidas. "Qué viejos nos estamos haciendo", es lo único que acerté a decir después del anuncio, las flores, el poema recitado y las lágrimas.
Y es verdad que nos estamos haciendo mayores. Se nota en los planes de futuro, en las conversaciones y hasta en las historias de hace diez años que contamos como si todavía estuvieran calientes. El tiempo corre y sólo se detiene en ciertos momentos. Ésos en los que me veo a mí misma, entre ellos, a carcajadas, a salvo de una vida que vuelve tambalearme los cimientos y a demostrarme que estábamos equivocadas cuando creíamos que el buen rollo podía durarnos siempre. Por eso disfruto de estos momentos protegida, querida y burlada. Cuando pasan, el tiempo sigue corriendo y yo me reconcilio con él y con la Felicidad y doy gracias por hacerme mayor y hacerlo con ellos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Dosmildiez, año dorado, por tres fechas y por mucho más.

Levantemos nuestras copas...bebamos tod@s sin temor.

Buenas noches.