sábado, noviembre 14, 2009

Hablemos del mileralismo

La identidad de Huelva es tópica y atópica. La tópica se viste de azul y blanco o de chaqueta para las Colombinas, invita (poco) a jamón y a gambas blancas y pone a sus hijas Rocío y Cinta. La atópica usa gafas de pasta o bigote e intenta entender la génesis del problema de Astilleros mientras le quita la boquilla a un cigarro. Todo eso y mucho más tanto una como otra. Pero hay noches en que ambas identidades deciden juntarse y construir una Huelva llena de matices. Y en una de esas noches, una puede perderse como una gilipollas por las calles peatonales del centro histórico en la ciudad con el centro histórico más pequeño de Andalucía (y digo perderse literalmente). O degustar la cocina de diseño de una tasca de la Calle Marina mientras uno de los personajes de esta ciudad, el Tito Toni, se roza contigo y con todo el bar y descubrir, horas más tarde, que la pitera que tiene en la frente es de una paliza que le han dado hace poco. "Mejor que se te roce a que empiece a repartir piñas", me dijeron luego. O, dentro mismo de esa tasca, descubrir los muchos colores que tienen las sexualidades ajenas y acabar sumando a tu compañía una pareja de extraños que se han metido en la conversación. Sólo en esas noches, la calle Aragón (y alrededores)se muestra como el reducto de una Huelva desesperada por terminar con su miopía. Una Huelva de música, frivolidad, tintes de pelo y dedos empujando piedras. "Lo mismo que tú, pero sin hielo", "Esta canción me recuerda a cuando yo estaba en octavo", "No está mal el nuevo SuperOcho, pero a mí me gustaba cuando era más antro". Son noches de aporrear las puertas. En Huelva siempre abren. "Vengo buscando a mi amigo Paco". Pasa. En las entrañas de la Plaza de Toros nadie llora, un día después, la muerte de Chamaco. Sólo queda un grupo de chavales en el que ellas usan escotes de vértigo y cantan "pa matarse". Cuando se van, te arrancas por tangos mientras te toca la caja un cani con las manos llenas de anillos. Y acabas cantando sevillanas con el camarero y las camareras, con los que cruzas invitaciones para el Rocío y despidiendote con un beso porque hay amistades que son para toda la vida. Y en esas noches lo tópico y lo atópico conforman la identidad de una ciudad en la que hay quienes creen, y son bastantes, que el sentimiento choquero lo ha puesto de moda Perico Rodri.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

eres una fenomena. Muy buen artículo.

Un abrazo,

Manu Suero

Anónimo dijo...

Me siento totalmente identificada con el periplo que cuentas. Es como el Ulises de Joyce, pero en vez de la recurrente magdalena,yo soy más churros en la Plaza de toros al amanecer.
Bgo