martes, octubre 06, 2009

Testigos

Yogurt natural edulcorado y un plátano. Es lo que había en la cesta del que guardaba la inmensa cola del DIA de la Calle Castilla delante de mí ayer por la tarde. Nada relevante si no fuera porque el sujeto en cuestión era el director de cine Carlos Saura. Me pareció divertido participar de ese momento de intimidad en la vida de un artista. También me pasaba con Amenábar cuando coincidíamos en el gimnasio. Para hacer más amena su espera cogió una crema facial de oloe vera y leyó las letras pequeñas que pegan al envase. Algo de lo que leyó le convenció. Decidió sumarla a su raquítica cesta que, comparada con la mía, en la que se apretujaban las comidas, me hizo pensar que Saura tenía demasiado tiempo libre. Ninguno de los artículos elegidos eran de tal necesidad como para guardar semejante cola. Por fin abrieron una caja nueva y nuestros caminos volvieron a separarse. Creo que apenas ningún otro integrante de la fila reconoció al director. O quizá sí y se convirtieron, como yo, en testigos mudos de su vida cotidiana. O al revés, hicieron que Saura formara parte de la crónica de un lunes con pinta de lunes. Igual que ahora lo estoy haciendo yo.

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