sábado, octubre 17, 2009

Pou

Seguramente no me equivoque si digo que José María Pou es uno de los mejores, si no el mejor, actor de nuestro país. Claro que tampoco añadiría nada nuevo porque su cara, su voz, su forma de estar en el escenario o ante la cámara se quedan grabadas en la retina de cualquiera que lo haya visto trabajar alguna vez.
Yo tuve esa suerte anoche y, además, con uno de los textos más inteligentes que he escuhado en mi vida. Lo escribió Alan Bennet, lo descubrió Pou y decidió que una obra así tenia que llegar a los espectadores españoles. Así que no dudó en traducirla él mismo y poner al reparto bajo su dirección. Y todo ha sido un acierto: la obra en sí y la intención solidaria de compartirla con nosotros.
Decía que Los chicos de historia es una de las obras de teatro más inteligentes a las que he asistido nunca por varias razones. La primera, por la reflexión que en ella se hace sobre la Educación. Bennet no sólo se centra en cómo nos va a marcar para el resto de nuestra vida, ni en las relaciones estudiante-profesor que en algunos casos lo hacen más que los propios contenidos. A mí me ha parecido especialmente interesante la crítica a la educación útil o, mejor escrito, a la concepción utilitarista de la educación.
Y me recordaba a las veces que alguien me ha preguntado es de ¿Para qué estudias portugués? o ¿Para qué sigues estudiando si ya trabajas? Ese para qué me saca de mis casillas y pocas veces el que pregunta se escapa de un pequeño discursito sobre el saber por el saber que no puedo evitar.
En la obra hay mucho de esto. Los conocimientos útiles frente a los inútiles, y no por eso menos necesarios, representados por el profesor Hector (José María Pou) en el segundo caso y el Director (Josep Minguell) y, sobre todo, el profesor Irwin (Jordi Andújar) en el primero.
Uno de los mejores momentos, con el profesor Héctor, ya derrumbado, es cuando Bennet pone en sus labios estas palabras que, para mí, resumen mejor que ningunas, el halo mágico que envuelve a la buena literatura y por extensión, a las obras de arte:

Los mejores momentos de la lectura son aquellos en los que te encuentras con algo -un pensamiento, una sensación, una manera de entender el mundo- que hasta entonces creías que era íntimamente personal, que sólo era tuyo; y ahora, de repente, lo encuentras expresado por alguien, una persona a la que ni siquiera conoces, o que hace tiempo que ha muerto incluso. Y es como si del libro surgiera una mano y cogiera la tuya.

1 comentario:

flor dijo...

un acierto sin duda aceptar vuestra oferta de ir al teatro el viernes, por varias razones, por la majestuosidad del teatro lópez de vega, por aprender de esa obra tan divertida e inteligente, y por compartir reflexiones posteriores contigo, que siempre es un placer. un cierto, sin duda.... muak