miércoles, octubre 28, 2009

Picados

Seguro que hay quienes la están buscando tanto o más que yo. A mí se me ha aparecido la solución en mitad de una siesta que no he podido conciliar pensando en ellos. Tenemos que fomentar la sensibilidad. Puede que sea la única forma de que tres personas no se piquen con sus coches en mitad de una autovía que yo cruzo dos veces al día y termine uno de ellos tumbado en un charco de su propia sangre, con el corazón roto de dos puñaladas.
No se me va de la mente esa imagen. Menos desde que ayer el jefe de la policía judicial nos confirmara que el motivo del crimen del viernes en Huelva no era otro que una disputa de tráfico. Un tú me adelantas, yo te adelanto y hago que frenes, tú que si capullo, yo que si me cago en tu madre y, cuando un semáforo obliga a que nos paremos después de 20 minutos, yo me bajo del coche con una barra de hierro y tú con una navaja y un amigo para sujetarme. Con total desprecio hacia la vida, no sólo la del muerto, también la propia, que podía estar empleando sus 24 y 28 años en otras cosas diferentes que contar los días en la trena al más puro estilo de una rumba carcelaria.
Y a fuerza de darle vueltas ha empezado a ser verdad (hay muchas cosas que contamos los periodistas que nunca llegan a serlo para nosotros mismos). Y los dos presuntos asesinos han tomado forma: primero en las fotos de la prensa y después en un programa que, precisamente el día de autos, emitió Cuatro: Callejeros en el Torrejón. (minuto 1:33) Y no me ha costado creerme que sean capaz de semejante cosa porque he tomado conciencia de sus naturalezas violentas, ésas que se llevan ahora tanto. Y me ha parecido encontrar el por qué: un serio déficit de sensibilidad.
El nivel de sensibilidad es inversamente proporcional al de violencia. No se puede tener las dos condiciones a la vez. Y la sensibilidad se puede estimular y educar (como la violencia, claro) . Puede que esté ahí la solución: la buena música, el buen arte, la buena literatura, el buen gesto, la buena sonrisa o la buena palabra, todo lo que ponga el espíritu en vertical y haga que se eleve y se mejore. Puede que sea ésa la fórmula contra todas las violencias.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que bien escribes. Un beso.