martes, octubre 13, 2009

La tolerancia

Es algo que se tiene o no se tiene. Lo bueno es que puede aprenderse. Y en cualquier momento, sin importar la edad. Yo esta tarde, viendo Ágora, por ejemplo, he recordado lo importante que ha sido para la conformación de mi personalidad ciertas películas que vi a mis 13 o 14 años. Entre ellas Philidelphia, por ejemplo.
Lo que cuenta la peli de Amenabar es necesario. Siempre más que nunca. Elije, de forma magistral, la historia de Hipatia, pero podría poner el foco en la de las cientos de personas que no comulgaron con la fe o la moral o las creencias de su tiempo y murieron por esta causa. Por ejemplo, ahora. La periodista africana que se negó a dejar de vestir sus pantalones. También retrata las luchas fraticidas. Él ha elegido la Alejandría del siglo IV, pero yo, en realidad, estaba viendo la franja de Gaza y a través de ella muchos otros lugares.
Por eso Ágora, y no es la única, claro, pero sí una de las últimas, es una hermosa herramienta de educación que desde mañana mismo tendría que pasarse en todos los institutos. Porque para mí hubiera sido fundamental a esa edad, todavía más que en ésta en la que he salido del cine con la satisfacción de pensar que también en las pelis de abultado presupuesto pueden encontrarse elementos para la reflexión.
Y me ha reafirmado en la creencia de respetar, sobre todas las cosas, las opiniones de los demás y sentirlos como los iguales que somos, independientemente de nuestro sexo o nuestra ideología. Liberada, como mujer en el tiempo que me ha tocado vivir, de que serlo me haga impura ni un ser humano imperfecto.

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