jueves, octubre 29, 2009

Uno de los nuestros

Los periodistas solemos ser gente pedante y con el ego abultado. Nos encanta hablar de nuestra profesión cuando nos juntamos y comentar los trabajos de unos y de otros. Solemos contar chascarrillos de las fuerzas fácticas, que en nuestras conversaciones suelen adquirir una presencia más humana de la que pretenden mostrar en sus discursos. Eso hacemos los periodistas, entre otras muchas cosas. Por ejemplo, creernos que de verdad la gente nos ve, nos escucha, nos lee o nos cliquea. A veces ni nos preocupamos de que se nos entienda (¿Para qué? Si hace tiempo ya que estamos convencidos de que lo importante de la noticia es que lleva nuestra firma). Pero también somos los que sentimos una sensación que se parece mucho a la fatiga cuando nos damos cuenta de que nos están volviendo a contar la misma milonga que después tendremos que repetir como papagayos. Los que guardamos horas de espera a la puerta de un juzgado que, no sé por qué, son siempre los sitios más fríos del planeta. Los que nos gastamos las yemas de los dedos marcando un teléfono que se resiste y que terminamos aprendiendo de memoria. Los que, a fuerza de haber olvidado que formamos parte del proletariado, estamos cobrando sueldos de mierda con la excusa de la vocación. Los que tenemos que engañar a nuestras conciencias siendo portavoces de palabras en las que no creemos. Los que bendecimos un cuarto de hora entre convocatoria y convocatoria porque nos permite compartir un café con compañeros. Los que trabajamos con las palabras para traducir los que algunos se empeñan en hacer ininteligible. Los que hemos ahogado nuestras lágrimas ante las barbaridades que es capaz de hacer el Ser Humano. Los que nos acercamos a la sangre, al hambre o a la violencia. Los que sentimos que el corazón se nos rompe cuando uno de los nuestros nos llama para decirnos eso de "Lo dejo. Me voy a preparar unas oposiciones de la Junta". Mierda¡¡¡ Ya perdimos a otro. Y éste era bueno de verdad. Escribía de puta madre. Y encima era buen compañero. A mí siempre me hacía reir. Un tío comprometido. Ya, pero es que estos horarios no le dejaban disfrutar de las tardes, ni hacer planes... Al final va a resultar que la vida es enemiga del Periodismo... ¿O era al revés? P.D: Espero que siempre vuelvas, compañero. A mí y al Periodismo.

miércoles, octubre 28, 2009

Picados

Seguro que hay quienes la están buscando tanto o más que yo. A mí se me ha aparecido la solución en mitad de una siesta que no he podido conciliar pensando en ellos. Tenemos que fomentar la sensibilidad. Puede que sea la única forma de que tres personas no se piquen con sus coches en mitad de una autovía que yo cruzo dos veces al día y termine uno de ellos tumbado en un charco de su propia sangre, con el corazón roto de dos puñaladas.
No se me va de la mente esa imagen. Menos desde que ayer el jefe de la policía judicial nos confirmara que el motivo del crimen del viernes en Huelva no era otro que una disputa de tráfico. Un tú me adelantas, yo te adelanto y hago que frenes, tú que si capullo, yo que si me cago en tu madre y, cuando un semáforo obliga a que nos paremos después de 20 minutos, yo me bajo del coche con una barra de hierro y tú con una navaja y un amigo para sujetarme. Con total desprecio hacia la vida, no sólo la del muerto, también la propia, que podía estar empleando sus 24 y 28 años en otras cosas diferentes que contar los días en la trena al más puro estilo de una rumba carcelaria.
Y a fuerza de darle vueltas ha empezado a ser verdad (hay muchas cosas que contamos los periodistas que nunca llegan a serlo para nosotros mismos). Y los dos presuntos asesinos han tomado forma: primero en las fotos de la prensa y después en un programa que, precisamente el día de autos, emitió Cuatro: Callejeros en el Torrejón. (minuto 1:33) Y no me ha costado creerme que sean capaz de semejante cosa porque he tomado conciencia de sus naturalezas violentas, ésas que se llevan ahora tanto. Y me ha parecido encontrar el por qué: un serio déficit de sensibilidad.
El nivel de sensibilidad es inversamente proporcional al de violencia. No se puede tener las dos condiciones a la vez. Y la sensibilidad se puede estimular y educar (como la violencia, claro) . Puede que esté ahí la solución: la buena música, el buen arte, la buena literatura, el buen gesto, la buena sonrisa o la buena palabra, todo lo que ponga el espíritu en vertical y haga que se eleve y se mejore. Puede que sea ésa la fórmula contra todas las violencias.

lunes, octubre 19, 2009

Intimidades

El pasado viernes escuché una entrevista a Jaume Balagueró, uno de los directores de Rec2, en la que hacía una reflexión sobre los cambios que se están produciendo en torno a la intimidad. Decía Balagueró algo así como que la gente ya no celebra una fiesta por la fiesta en sí, sino por los cientos de fotos que subirán al día siguiente a su blog o a los portales de redes sociales en los que participan. De eso, por cierto, tiene mucho su nueva entrega de esta peli de terror madeinspain. He pensado mucho en estas palabras que comparto en gran parte, pero creo que eso no tiene nada que ver con la intimidad de cada uno. Y lo digo yo, que escribo en este blog buena parte de las cosas que vivo, contemplo, oigo y pienso. Pero es que para mí la intimidad es otra cosa y poco tiene que ver, en la mayoría de los casos, con la publicidad que le demos a los actos en los que participamos. Si soy una persona que suelo dar publicidad a lo que hago, qué mas da que las cuente en un corrillo o en una red social. Eso no tiene nada que ver con mi esfera privada. Lo privado, la íntimo, se queda conmigo y esa puerta la abre quien a mí me da la gana. Va más allá de una foto en el Tuenti, de un estado en el Facebook o de una entrada en el blog. Lo que decido publicar dejo de considerarlo íntimo y pasar a ser algo compartido. Hay quienes no comparten mi pensamiento, claro. Son algunos de los que cada día eluden las invitaciones de las redes sociales que les llegan a su correo. Sólo conozco un par de casos. Para mí son unos valientes. Han resistido la llamada ególatra de la auto-publicidad. Yo fui incapaz.

sábado, octubre 17, 2009

Pou

Seguramente no me equivoque si digo que José María Pou es uno de los mejores, si no el mejor, actor de nuestro país. Claro que tampoco añadiría nada nuevo porque su cara, su voz, su forma de estar en el escenario o ante la cámara se quedan grabadas en la retina de cualquiera que lo haya visto trabajar alguna vez.
Yo tuve esa suerte anoche y, además, con uno de los textos más inteligentes que he escuhado en mi vida. Lo escribió Alan Bennet, lo descubrió Pou y decidió que una obra así tenia que llegar a los espectadores españoles. Así que no dudó en traducirla él mismo y poner al reparto bajo su dirección. Y todo ha sido un acierto: la obra en sí y la intención solidaria de compartirla con nosotros.
Decía que Los chicos de historia es una de las obras de teatro más inteligentes a las que he asistido nunca por varias razones. La primera, por la reflexión que en ella se hace sobre la Educación. Bennet no sólo se centra en cómo nos va a marcar para el resto de nuestra vida, ni en las relaciones estudiante-profesor que en algunos casos lo hacen más que los propios contenidos. A mí me ha parecido especialmente interesante la crítica a la educación útil o, mejor escrito, a la concepción utilitarista de la educación.
Y me recordaba a las veces que alguien me ha preguntado es de ¿Para qué estudias portugués? o ¿Para qué sigues estudiando si ya trabajas? Ese para qué me saca de mis casillas y pocas veces el que pregunta se escapa de un pequeño discursito sobre el saber por el saber que no puedo evitar.
En la obra hay mucho de esto. Los conocimientos útiles frente a los inútiles, y no por eso menos necesarios, representados por el profesor Hector (José María Pou) en el segundo caso y el Director (Josep Minguell) y, sobre todo, el profesor Irwin (Jordi Andújar) en el primero.
Uno de los mejores momentos, con el profesor Héctor, ya derrumbado, es cuando Bennet pone en sus labios estas palabras que, para mí, resumen mejor que ningunas, el halo mágico que envuelve a la buena literatura y por extensión, a las obras de arte:

Los mejores momentos de la lectura son aquellos en los que te encuentras con algo -un pensamiento, una sensación, una manera de entender el mundo- que hasta entonces creías que era íntimamente personal, que sólo era tuyo; y ahora, de repente, lo encuentras expresado por alguien, una persona a la que ni siquiera conoces, o que hace tiempo que ha muerto incluso. Y es como si del libro surgiera una mano y cogiera la tuya.

miércoles, octubre 14, 2009

Amigos en capilla

Un amigo, si es bueno, es como un hermano. Cuando tienes un grupo que supera la veintena, tienes una familia enorme, entonces. Hace tiempo que a algunos de mis amigos los cuento de dos en dos porque han decidido, como yo, que en pareja se vive mejor.

El sábado pasado se casaron dos que nos hicieron felices a todos los demás. No sólo porque pudimos compartir con ellos su alegría y una fiesta inmensa, también por el simple hecho de fijar un día en el calendario para juntarnos. Otros empiezan a poner sus fechas y yo, que me enfado cada vez que hablan de sus intenciones apostólicas y romanas, no puedo evitar soltar una lagrimita cuando dicen eso de "no hagas planes que...". Y es que creo que he llegado a esa edad peligrosa en la que todos tus amigos deciden casarse. Peligrosa porque a ti te cuesta una pasta el vestido, el regalo y todo lo que envuelve una celebración en la que ya tienes la cara húmeda apenas aparece la novia por la puerta.
Una familia enorme, decía, y así me siento entre muchos de ellos. Los mismos que a principios de este año se marcaron los kilómetros que hicieron falta para pasar con nosotros una de las noches más amargas de nuestra vida. Por eso, el pasado sábado mientras cantaba, bebía, bailaba, hablaba y los abrazaba, me sentía una persona privilegiada. Lo soy porque los tengo.

martes, octubre 13, 2009

La tolerancia

Es algo que se tiene o no se tiene. Lo bueno es que puede aprenderse. Y en cualquier momento, sin importar la edad. Yo esta tarde, viendo Ágora, por ejemplo, he recordado lo importante que ha sido para la conformación de mi personalidad ciertas películas que vi a mis 13 o 14 años. Entre ellas Philidelphia, por ejemplo.
Lo que cuenta la peli de Amenabar es necesario. Siempre más que nunca. Elije, de forma magistral, la historia de Hipatia, pero podría poner el foco en la de las cientos de personas que no comulgaron con la fe o la moral o las creencias de su tiempo y murieron por esta causa. Por ejemplo, ahora. La periodista africana que se negó a dejar de vestir sus pantalones. También retrata las luchas fraticidas. Él ha elegido la Alejandría del siglo IV, pero yo, en realidad, estaba viendo la franja de Gaza y a través de ella muchos otros lugares.
Por eso Ágora, y no es la única, claro, pero sí una de las últimas, es una hermosa herramienta de educación que desde mañana mismo tendría que pasarse en todos los institutos. Porque para mí hubiera sido fundamental a esa edad, todavía más que en ésta en la que he salido del cine con la satisfacción de pensar que también en las pelis de abultado presupuesto pueden encontrarse elementos para la reflexión.
Y me ha reafirmado en la creencia de respetar, sobre todas las cosas, las opiniones de los demás y sentirlos como los iguales que somos, independientemente de nuestro sexo o nuestra ideología. Liberada, como mujer en el tiempo que me ha tocado vivir, de que serlo me haga impura ni un ser humano imperfecto.

Vuelve Saramago

No lo encontré en Lanzarote, pero aquí seguro. Se trata de un adelanto de su próximo libro. Se llamará Cain, lo editará Alfaguara y este adelanto lo trae El Pais.

martes, octubre 06, 2009

Turismo e identidad

Un día me dijo un serrano, que había llegado a ser alcalde de su pueblo, que existía una especie de línea imaginaria que dividía a la sierra en dos: a un lado, los pueblos a los que llegaba el turismo y al otro, los que no llegaba. El mío estaba en el segundo grupo. En los pueblos del primero empezaron a proliferar los restaurantes primero, los hoteles después y las operaciones urbanísticas desproporcionadas más tarde. Algunos llamaron a eso progreso o crecimiento. Si lo fue, hizo de alguno de éstos unos pueblos deformes que han estado a punto (si es que no lo han logrado en algunos casos) de cargarse su identidad serrana.
Mi pueblo pertenecía al segundo de los grupos, iba diciendo. Del día de aquella conversacón a hoy han pasado unos cuatro años. No ha cambiado mucho la cosa hasta hace apenas unos meses. El hotel Sierra Luz (pionero en Andalucía en turismo accesible) y el hostal Sancho IV (que se postula como "un concepto diferente de hostelería en la sierra") pueden hacer llegar hasta Cortegana las mieles del turismo. Los locales nos hemos volcado y muchos hemos visitado las instalaciones, con la excusa de tomar un cafelito, y les hemos deseado toda la suerte del mundo a los emprendedores.
Habrá quienes opinen que llegan tarde ambas instalaciones hosteleras. Así es si lo miramos desde el punto de vista económico (la actual crisis) o de una posible sobreexplotación turística de la Sierra de Huelva. Para mí llegan en el tiempo justo, en el oportuno. Ahora que abrir un negocio así es de valientes y ahora también que ha pasado el boom del ladrillo al que mi pueblo ha resistido conservando buena parte de su identidad. Que disfruten de esto los que quieran acercarse a conocer mi tierra. Sólo puedo recomendarles que no la visiten, si no que la vivan.

Testigos

Yogurt natural edulcorado y un plátano. Es lo que había en la cesta del que guardaba la inmensa cola del DIA de la Calle Castilla delante de mí ayer por la tarde. Nada relevante si no fuera porque el sujeto en cuestión era el director de cine Carlos Saura. Me pareció divertido participar de ese momento de intimidad en la vida de un artista. También me pasaba con Amenábar cuando coincidíamos en el gimnasio. Para hacer más amena su espera cogió una crema facial de oloe vera y leyó las letras pequeñas que pegan al envase. Algo de lo que leyó le convenció. Decidió sumarla a su raquítica cesta que, comparada con la mía, en la que se apretujaban las comidas, me hizo pensar que Saura tenía demasiado tiempo libre. Ninguno de los artículos elegidos eran de tal necesidad como para guardar semejante cola. Por fin abrieron una caja nueva y nuestros caminos volvieron a separarse. Creo que apenas ningún otro integrante de la fila reconoció al director. O quizá sí y se convirtieron, como yo, en testigos mudos de su vida cotidiana. O al revés, hicieron que Saura formara parte de la crónica de un lunes con pinta de lunes. Igual que ahora lo estoy haciendo yo.

viernes, octubre 02, 2009

El no-periodismo (Toma 2)

Conocí a Fernando Pérez Ávila en 2003. Yo era una de los muchos becarios que entramos entonces en el Diario de Sevilla. Él lo había sido poco tiempo antes. Había conseguido quedarse y demostrar unas estupendas dotes para la información de sucesos y mucha paciencia. En la facultad lo llamaban Chomsky. No hizo falta nada para hacernos amigos. Aprendí de él muchas cosas y todavía le guardo un cariño muy especial. Y como él también me quiere, me ha dejado compartir esta reflexión que yo he decidido hacer una nueva toma del no-periodismo.
El caso Marta del Castillo es un disparate, un despropósito informativo, un circo mediático en el que hace mucho tiempo que sólo vale el morbo y la información queda en un segundo o tercer plano. El caso Marta del Castillo es ese que congrega a una veintena de unidades móviles de otras tantas cadenas y productoras de televisión en un descampado de Camas, a decenas de fotógrafos y plumillas que se pasan horas y horas bajo el sol o la lluvia a la espera de dar la noticia más importante de sus vidas y a un centenar de curiosos sin nada mejor que hacer que mirar un día entero como una excavadora remueve la tierra en busca de un cadáver que no aparece por ninguna parte. El caso Marta del Castillo es el caso en el que más he trabajado en toda mi vida. Y como yo, todos los periodistas a los que les ha tocado cubrirlo. Supongo que en un futuro podré contar que cubrí el caso Marta y eso me llenará de orgullo, pero ahora mismo estoy muy lejos de ese sentimiento. Sólo quiero que aparezca la niña de una vez por todas, que se celebre el juicio y que los cuatro hijos de puta que han hecho esto sean condenados a la mayor de las penas. Estoy saturado, contaminado, hastiado. Ayer vi como José Antonio Casanueva, el abuelo de Marta, se esperanzaba con la posibilidad de que el cuerpo de su queridísima nieta -su nieta favorita, me comentó un día- estuviera en una zanja de Camas. Al abuelo, siempre con una chapa con la cara de su nieta en la solapa, era imposible hacerle dos preguntas seguidas. Se lo llevaban las teles para sus directos cada vez que intentaba preguntarle qué sentía, qué esperaba de la búsqueda en aquella zanja. La tarde antes alguien le había dado una sábana con manchas rojas que luego resultaron ser de pintura y con unos restos de cinta aislante. Pedazo de titular: "El abuelo de Marta del Castillo entrega a la Policía una sábana manchada hallada junto a la casa de la ex novia del asesino". Da igual que la sábana no tenga pinta de estar relacionada con la historia, que ni siquiera esté manchada de sangre y que lleve en el campo un montón de días, a lo mejor desde antes de que desapareciera Marta. Luego, al llegar al periódico, me encontré con la rajada del padre. "Lo que han hecho es una fantasmada porque no se puede dar por cerrada la búsqueda allí después de sólo seis horas", venía a decir. Qué fácil es encontrar un titular. Sólo hay que marcar un número y preguntar: Antonio, ¿usted cree que la Policía lo está haciendo mal? y Antonio, un hombre destrozado, responderá que sí, que deberían buscarla más tiempo, que levanten todo el suelo de aquel descampado, que draguen el río. Antonio, ¿si la Guardia Civil llevara la investigación ya habría aparecido el cuerpo?. Y Antonio, que es un hombre íntegro como pocos pero que ni sabe manejar a la prensa como hacía el padre de Mari Luz ni ahora mismo puede tener la cabeza en su sitio, dirá que sí, que venga la Guardia Civil, como dirá que hay más gente implicada y todo lo que el periodista quiera que diga. Nadie le dice a Antonio que el cuerpo de su hija ha sido el que más se ha buscado en la historia de España. Nadie le dirá que la investigadora holandesa especialista en búsqueda de cadáveres con perros se echó las manos a la cabeza cuando le dijeron que lo que había montado en el río era para buscar el cuerpo de una niña, sólo una. "¿Cuántos homicidios tenéis aquí al año? Porque este despliegue no lo hacemos en Holanda para buscar un cadáver ni de coña". Es más fácil llamar al padre un día sí y otro también y que dé un titular antes que buscarse la noticia por cuenta propia. Atrás quedó la ética, la responsabilidad social del informador, las cautelas antes de dar una noticia. Todo vale en este juego de a ver quién da la noticia más bestia, a ver quién hace llorar antes a una madre poniéndole imágenes del asesino de su hija continuamente mientras la entrevistan en una televisión. El caso Marta es un absurdo en el que las declaraciones de los imputados llegan antes a los periódicos que a la Policía, en el que el gabinete de prensa de la Delegación del Gobierno todavía no ha confirmado la detención del Cuco, en el que la prensa le da pábulo a un majareta que vino de Lérida con un perro diciendo que la iba a encontrar en San Jerónimo, en el que se puede publicar una foto de la víctima medio en pelotas encima de su asesino pese a que haya sido obtenida ilegalmente de una red social, en el que la protección de los menores (la víctima era menor) es de risa y en el que la encargada de la investigación les dice a los periodistas que si una hija suya optara por esa profesión la matará y la tirará al río. El caso Marta me ha servido para comprobar cómo se elabora la información que ofrecemos a la sociedad para que ésta la consuma. Cualquier noticia relacionada con esta desgraciada chiquilla es la más leída de largo cada día, las ventas aumentan, las audiencias también. Muchos querrán que la niña siga sin aparecer.

jueves, octubre 01, 2009

El no-periodismo (Toma 1)

Esto es lo que se conoce como un canutazo (En una definición libre: Dícese de la declaración de algún personaje relevante al que no sentamos ante una mesa, que sería rueda de prensa, si no que dejamos que nos atienda de pié). Éste en concreto tuvo lugar el pasado miércoles en Punta Umbría. En él se pueden contar casi dos docenas de medios de comunicación y hasta cuatro políticos. (Subo esta foto porque nos la ha regalado Julián Pérez, de la Agencia EFE y en ella aparecen mi amigo Francis dirigiendo la orquesta y algunos compañeros a los que quiero recordar trabajando conmigo). Es un mal ejemplo de canutazo porque fue largo e incómodo. Tuve que pedirle a la compañera de Canal Sur Radio, literalmente, "Lola, saca tu grabadora de mi ombligo".
Los canutazos son nuestro pan de cada día. Nos vienen bien a unos y a otros. Muchos periodistas los pedimos para intentar, así, que el entrevistado se enrolle lo menos posible. Pocas veces lo logramos. Los calambres en los brazos de los plumillas y el dolor en los hombros de los cámaras dan buena cuenta de ello. Pero a mí hay algo que me preocupa más que eso de este tipo de prácticas. Me refiero a cuando acudimos a unas jornadas o a una conferencia. Todos buscamos esa declaración previa en forma de canutazo y muy pocas veces nos quedamos. Y no lo hacemos porque, en el tiempo que dura la exposición de los expertos en el tema del que luego tendremos que informar, debemos cubrir algunas informaciones.
De las prisas, de la falta de interés y de la realidad previa que manejamos sale el resultado que sale la mayoría de las veces: una informaciones endémicas con las que apenas nos quedamos en la superficie.
Hace dos semanas se celebró en la UNIA un importante congreso de Periodismo Digital que trajo a Huelva a algunas de las mejores voces en lo que a este tema se refiere. Un compañero, prejubilado, participó en ellas como oyente. Asistió, desesperanzado, a la marcha de los medios tras la inauguración oficial a cargo de las autoridades. "Ni siquera se quedaron a la primera mesa redonda ni a la conferencia inaugural... ¿Qué piensan contar del Congreso?" Me dijo.
Pues, para los que no lo sepan, así es como vamos la mayor parte del tiempo, corriendo y buscando siempre una par de ideas que luego repetimos como papagayos. Como decía un profesor de la Facultad, sabiendo lo que nos esperaba, "Niños, aquí lo importante es manchar, manchar, manchar..."