martes, septiembre 15, 2009

Las fiambreras

"En las fiambreras he puesto tu nombre porque, como tienes tanto pavo, no vayas a acoger otras que no sean tuyas. Traetelas"
No se es madre hasta que una no se preocupa por las fiambreras. Es una máxima, un axioma. La voz de tu madre deciendote eso de "las fiambreras, de vuelta". Mi madre escribió esta frase en la primera (y creo que única) carta que me envió a Sevilla.
Se cumplen nueve años desde que dejé su casa, a la que vuelvo casi todos los fines de semana. Llegué como llegamos casi todos los de pueblo a la ciudad: perdidos y desorientados pero con muchísima ilusión. Yo tenía el convencimiento de que nunca más volvería a vivir en mi pueblo. Así ha sido, por ahora.
Aquellos primeros días, Gregorio y yo memorizamos el plano de Sevilla y apenas nos perdimos. El 6 era mi autobús de referencia: el que me traía y me llevaba desde Triana hasta Reina Mercedes, donde se cursaba primero de Periodismo. Las primeras compras para el piso, los primeros apuntes que yo estudiaba en un minúsculo y caluroso cuarto de la calle Procurador sobre un panel con caballetes. La cama de 90 y las paredes de papel. Las tareas repartidas entre las compañeras de piso. Las primeras amistades en la facultad donde todos me parecían haber aprovechado los 18 años que teníamos mucho más que yo (el complejo de inferioridad por ser de pueblo me duró apenas unos días). Los papeles que colgaban en las paredes y que los leía todos. El querer apuntarme a todos los cursos que veía por una necesidad tan impetuosa como estúpida de aprovechar todas las oportunidades.
Y ahora, nueve años después de aquellos primeros días, he encontrado la carta que mi madre me envió en respuesta a aquélla mía en la que le contaba mis visicitudes de la primera semana lejos de ella. Creo que le decía algo de mi ridículo la primera vez que me monté en el bus urbano y metí el bonobús del revés. Varias veces. El conductor tuvo que ayudarme para que pasaran los que esperaban.
La carta me parece ahora más tierna que nunca. Dice ella
"Me gustaría que cada día cuando llegues a casa por la noche (y subraya esto: pero cuando ya estés en tu piso), me des un par de toques por teléfono, para ya estar yo tranquila de que estás allí, pues si seguimos hablando a dario como hasta ahora, la factura va a ser monstruosa. Yo de verdad que me gustaría hablar contigo cada minuto, pero sabes que no podemos".
La verdad es que esta petición de mi madre jamás se cumplió porque ella ya siempre quiso que hablásemos todos los días, a pesar de que en el año 2000 hablar por el móvil era mucho más caro que ahora.
La primera parte de la carta (y la postdata) está llena de recomendaciones: algo de un llavero que me manda mi abuela con una imagen de la Patrona de Cortegana, algo de 2000 pesetas que debo devolverle a mi compañera de piso, algo de una regleta de enchufes y algo también de un listado de teléfonos con personas del pueblo que viven en Sevilla por si me hicieran falta algún día, además de lo de las fiambreras, claro.

En la segunda parte me cuenta novedades de nuestro pueblo para terminar despidiéndose así:
"Bueno, pues no se me ocurre nada más que contarte, sólo pedirte que te cuides mucho, que no andes sola de noche y que comas (que pesada ¿verdad?). Te echamos muchos de menos. Un beso fuerte. Mamá."

6 comentarios:

flor dijo...

que bonito!!! me he emocionado. yo he tenido una especie de diario los primeros años de vida fuera de casa, donde yo le contaba cuando me apetecia cómo me sentía, pero ella pocas veces respondió.
tú carta es autentica, guardala junto a las cintas grabadas en campanario, y las fotos de Julen Guerrero...Jajaja.

creía que esta entrada iba a hablar de eso que tanto te gusta decir de las fiambreras y las madres simbiosis total, jeje, pero ha sido mucho más.

Un beso fuerte.

SUSANA dijo...

Qué tierno!!! y, a la vez, gracioso!!
lo del bonobus no es nada, mujer!! yo sé de uno de mi pueblo que la primera vez que se montó en autobus de línea aquí en huelva le dijo al amigo que iba con él: "¿tú le has dicho al chófer dónde vamos?"
No es cuestión de ser catetos de pueblos, si no de falta de costumbre

Anónimo dijo...

Se me han saltado las lágrimas leyendo tu entrada...creo que todos los que hemos estado fuera de casa hemos vivido experiencias similares las primeras semanas...Gracias!!!

Miguel dijo...

viva la madre que te parió. Sin más.*

Herblay dijo...

Las madres, ay... La mía me prepara aún la fiambrera para llevármela al periódico por las mañanas. El otro día en el control de seguridad de Salud me preguntaron que si iba a matar a la consejera con cuchillo y tenedor... (Qué bien que escribes, gachona)

peralta dijo...

ke bonita esta entrada me ha absorbido la lectura de principio a fin.