miércoles, septiembre 02, 2009

El sabor de la ginebra

Sabe ácida como el limón y las palabras que la acompaña. A muñeca izquierda sin el reloj que marca mi vida cuando no estoy de vacaciones. A una calle romana bajo el suelo de la Encarnación con un banco de piedra en el que talaron hace siglos un juego de mesa. A un repaso por la humanidad, errática o no, que impera en los criterios de edición. Sabe al vértigo del parapente, a viajes transoceánicos con una ex novia, exprima, a su vez de Russel Crowe, a pedirle al cielo la vuelta de Herodes. Sabe a unos sillones de mimbre con vistas al río y, sobre el río, dos puentes. El más nuevo, frontera entre dos tiempos. El más viejo, tomado por candados en los que decenas de enamorados han dejado escritos sus nombres. Para lo que hoy día entendemos por "siempre".
"Aquí hay ya unos buenos pocos de billetes", había escuchado decir unas horas antes a un vecino. Una moda que yo creía que, en realidad, se trataba de una nueva forma de manifestación artística contemporánea que tomaba la calle. Como toma mi salón los colores invertidos del televisor que se nos ha estropeado (Gracias a eso, ahora veo la bazofia televisiva como si nada tuviera que ver con la realidad, es decir, como realmente la tendríamos que ver. También creo que, si en vez de mi salón estuviera en un museo, mi tele sería objeto de culto). Como toma las conciencias el nuevo catálogo de IKEA, el mayor símbolo de alienación para los aspirantes a pequeños burgueses del siglo XXI.
De todo eso tiene un poco el sabor de la ginebra.

3 comentarios:

Miguel dijo...

Ponme una. Con mucho limón.*

flor dijo...

yo lo prefiero ya con limonada, soy exclava de las nuevas tendencias....jeje

anoniMATA dijo...

con tonica por favor