jueves, septiembre 10, 2009

Lanzarote: La Graciosa

Estaba sentada en el sofá del apartamento. Acabábamos de llegar. Leía por encima la guía de Lanzarote. "Tenemos que ir a La Graciosa". Lo repetí tantas veces que se convirtió en una necesidad. Y lo hicimos. El segundo día. Sólo se puede llegar en barco. Ahí comienza la aventura. Salimos del puerto de Órzola, pasamos los vientos (que fueron mucho peor a la vuelta) y tocamos tierra en unos minutos.

En La Graciosa hay sólo dos núcleos urbanos: Pedro Barca (al que no llegamos) y La Caleta del Sebo, que es mitad blanca, mitad azul. Un pueblo de pescadores que ahora, por ser temporada veraniega, habrá sobrepasado sus 500 habitantes. Pero pocos más. Aquí hay dos formas de locomoción en tierra firme: la bicicleta de montaña y los 4x4, el 80 por ciento, de Santana. Y los dos me encantan. Creo que me quedaría aquí una temporadita, dándo vueltas a esta isla que parece como por descubrir. Porque salvo sus dos pueblos de calles de arena que dan al mar, todo lo demás, es la nada más natural y preciosa rodeada de mar azul y playas de arena blanca.

Comimos en el restaurante de Enriqueta y fue un acierto (hay que decir que eran pocas las demás posibilidades). Pescado, claro, con papas arrugás. No pudimos terminarlo. Acabamos con la barriga tan llena que fui imposible cumplir mi objetivo de alquilar una bicicleta para pedalear por la isla. Pero me alegré al final, porque a pocos metros de las casas, la primera playa (que permite, por cierto la acampada libre) nos esparaba. Practicamente sola para nosotros. Y ahí nos quedamos un tiempecito creyendo haber encontrado un pequeño y gracioso paraíso.

1 comentario:

susana dijo...

hija, lo cuentas todo tan bonito que me ha entrado unas ganas terribles de conocer la isla!!!