lunes, julio 06, 2009

Silencios de Ávila

Ávila es pequeña y silenciosa. Cerrada sobre sí misma. Hecha de piedras dispuestas por la Historia para que la cuenten. Para que hablen de ella como lo hacía la guía con la que me acompañaba. Como estar dentro de un libro. Cuando la saqué de la biblioteca no pensé que iba a ser diferente a las otras asturianas, pero lo ha sido.
Como la catedral cerraba a las cinco hemos dado un paseo por esta ciudad dentro y fuera de la muralla. La Iglesia de San Vicente, llena de leyendas que me iba narrando la guía que leía (editada en los años 80 y escrita por dos abulenses fervientemente religiosos y muy conocedores de su ciudad. Así, al menos, me los he imaginado yo): Que si una mula que portaba los restos de un santo y que dejó su huella marcada en una piedra, que si un sepulcro sobre el que juraban los condenados antes de los Reyes Católicos, bajo la superstición que su brazo quedara seco, que si un pórtico con casi tantas lecturas como el de la Gloria compostelano...
También fuera de la muralla, los Cuatro Postes. Un mirador privilegiado de esta coqueta ciudad del que mi libro contaba que allí logró parar el tío de San Teresa las ansias martirizadoras de la santa y su hermano cuando eran unos críos.
Cuando he salido de la leyenda, la ciudad segía delante y yo dentro de ella. He vuelto a traspasar las murallas y no he podido resistir la tentación de comprarme unas yemas cubiertas de chocolate en una preciosa y señorial confiteria, que no llega a ser tan señorial como el hotel en el que nos alojamos por apenas 60 euros esta noche con desayuno incluído: Palacio de Valderrábanos, delante de una catedral que tendremos que esperar mañana a las 10 para verla por dentro. Lo haremos. Seguro que vale la pena.

1 comentario:

anoniMATA dijo...

tranquilidad excesiva, frío excesivo, una ciudad llena de excesos para mí