jueves, julio 23, 2009

Pedradas

Sonaron fuerte. Contra la pared del juzgado de menores. Justo cuando la Guardia Civil sacaba en su coche a dos de los siete chavales que, supuestamente, han violado a una chica de 13 años de Isla Cristina. Las tiraron desde la otra acera sus familiares que corrían a esconderse todavía más rápido que nosotros para evitarlas. En estos días no paro de pensar que hay pedradas peores que la que estuvo a poco de partirme la cabeza. Las tiran personas que nunca se llevarán una por hacer guardia a la puerta de un juzgado. Son más profundas y no se solucionan con unos puntos y un poco de betadine porque lesionan el alma y la integridad de los seres humanos. Que pase esta barbaridad dos veces en apenas unos días (Isla Cristina y Baena) sacude el centro mismo de nuestra sociedad, derriba nuestras seguridades y rompe pactos básicos de convivencia. La familia, el sistema educativo, los medios de comunicación... todos caemos arrastrados por esta atrocidad que todavía nos tiene con la boca abierta y el corazón encogido. En el barrio de la chica, los programas de las televisiones, públicas y privadas, que más tiran de los sucesos habían desplazado hasta el lugar a sus mejores reporteros. Habían logrado hablar con la madre y ahora lo hacían con todo el que quisiera. Unas vecinas que no sabían nada, un quiosquero manco que pedía su cheque... Todos valen cuando vale todo. Y, claro, luego llegan las pedradas. Esas llegan para todos. Hasta para los que intentamos no ampliar nuestro share con estos temas. Hasta para los que vamos con pies de plomo en este tipo de cuestiones. Hasta para los que creemos en un mundo regido por reglas más complejas que el maniqueísmo imperante en estos programas amarillos... Bueno, para todos no. Todavía no he visto yo a ningún programador, a ni un sólo responsable de contenidos, con la cabeza abierta de una pedrada. Cierto cine que consumimos (como Mentiras y Gordas, la película de la que más se habla en los recreos escolares), las series de televisión para adolescentes que arrasan (Como Física o Química, en la que algunas de sus protagonistas han sido ingresadas por sobredosis o violadas), el tratamiento que se les da a los sucesos en algunos medios (a todas horas y sin restricciones horarias, prevaleciendo el valor del suceso por el suceso, sin entrar en otras cuestiones) son sólo algunos de los ingredientes de la gran receta de mierda que se han comido los siete chavales que le han abierto las piernas por la fuerza a esta disminuída psíquica de trece años. Y, por encima de todo, las enormes dosis de machismo que encierra este suceso. Son niños que se creen hombres que pueden conseguir el sexo por la fuerza. El sexo por el sexo. La mujer como objeto sexual. Y nada más. Ahora habrá que contarles que el mundo es muy diferente a como ellos pensaban. Hablarles de respeto, de derechos, de convivencia y de vida. Habrá que empezar de nuevo con ellos. Y con ellas también... Tenemos un problema.

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