viernes, julio 31, 2009

La angustia

Horas de angustia. La cabeza entre las piernas. Parecían interminables. Se hacía de noche.
Una tras otras, todas mis esperanzas de salir del hoyo donde estábamos metidos se iban rompiendo.
Creía respirar cada vez con más dificultad.
Pensaba en cosas agradables: mi familia, mis amigos, los niños... la Vida. Y en mitad de la agonía, la revelación llegó como la luz blanca que tiró a aquel santo del caballo. Llegó incluso antes que el desenlace gracias al coraje de unos desconocidos a los que apenas entendía que se arriesgaron en el barro por nosotros.
Salimos físicamente de allí y yo decidí salir para siempre de todos mis hoyos.
Decidí apostar por la Vida, por la mía y por la que escribo en mayúsculas. Sé que es una apuesta antigua, que rescato ahora. Dice Grego que antes deberíamos tener un techo para cobijarla y a nosotros con ella.

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