sábado, julio 04, 2009

Asturias: PARALELOS AL MAR

Ésta es la gaviota amaestrada. Espera desde siempre a un vecino de Cudillero que le da comer. No sé si todos los días, de ahí su fidelidad, o todos los años, por las fiestas de L´amuravela. Él acude a su encuentro sonriéndole y nos cuenta que le espera porque le trae comida, desde hace años. Nos cuenta también la leyenda sobre la fuente en la que tenemos que bautizarnos para ser de este precioso pueblo escalado y bañado por el mar. Mientras le escucho siento que me tiemblan las piernas. Llevábamos ya un rato descendiendo escalones. Parece que nunca llegamos a la plaza llena de terrazas y colores. Hasta nosotros llegan los ecos de la orquesta en sesión vermú. Es el último (quizá penúltimo) día de las fiestas.
Nos sentamos a comer: menú a base de arroz con bogavante y lubina. 12 euros. Volvemos a subir escaleras. Sístoles y dástoles aceleradas. Me arrepiento de no hacer nás deporte. Descanso en el coche camino de Ribadeo, primer pueblo de Galicia. Allí la inmensidad del mar y la piedra se hacen uno en la Playa de las Catedrales que, en bajamar, es el más bonito de los paisajes litorales.
Nos da tiempo a pararnos, a hablar, a ordenar ideas y prioridades. Nos da tiempo hasta a recordar. La vuelta a casa la hacemos por Oviedo y paramos en Cangas de Onís. Por fin el puente de las fotos, ése del que lleva Grego hablando todo el viaje. El Puente Romano, cientos de veces reformado y millones de veces atravesado. Es más grande de lo que parece.
… Y la sidra. Nos la escancia un camarero negro con acento sudamericano. También a los chigres llega la multiculturalidad. El chico lo hace muy bien y a mí me sabe la sidra a gloria. Fresca y oxigenada. Hemos leído en un libro que hay que beberla rápido y tirar el culín. Lo hacemos y sentimos que participamos en una tradición centenaria. ¿La cuenta, por favor? Una botella de sidra, escanciada vaso a vaso para dos, 2,20 €.

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