sábado, julio 04, 2009

Asturias: EL AGUA

Hay una leyenda sobre el agua de la fuente a los pies de Covadonga. Habla de amores y bodas, o algo así. La bebimos. Hay un puente (en realidad varios) sobre el Sella que se parece mucho a esos de las películas que siempre terminan cayendo (y los buenos salvándose). Lo anduvimos.También hay una playa, de las más bonitas que he visto nunca, que se parece a cómo yo imaginaba Venecia cuando leía a Tomas Mann.
Ribadesella es indiana, elitista, exquisita y preciosa. No podía elegir el Sella mejor sitio para perderse en el mar. También es cambiante, según en la orilla del río por la que pasees. Comimos en la derecha, que nos recordaba a una villa medieval, con puesto de frutos secos incluido. A la hora de comer: fabada y filete al cabrales para Grego y Pasta al cabrales y pantrucu (una morcilla típica asturiana) para mí. Paseamos después por la playa de la Marina, testigo del resplandor aristócrata de esta playa en la que apenas podíamos ver nada cuando la niebla lo cubría todo. Cada dos o tres minutos. El sol nos cogió tan desprevenidos que nos quemamos. Entre una orilla y otra, las barcas abandonadas, decadentes y preciosas.
De vuelta a la carretera, una curva, otra, otra más… hasta que se nos abrió la boca. La Basílica de Covadonga emergía entre las montañas y los árboles. Allá a lo alto, vacía de virgen alguna. Es lo poco que recuerdo de aquel viaje de mis quince años.
A Grego le dejó sobrecogido el entorno de Covadonga y la cueva de la Virgen. Recordaba la Peña de Arias Montano, con sus semejanzas y diferencias. A mí me dejó igual una señora muy delgada, con gafas oscuras, que no paraba de llorar en la cueva. Un sacerdote con sotana y alzacuellos vigilaba que todo estuviera en orden. La cueva me volvió a parecer, como hace más de once años, pequeñísima para toda la gente que tiene aquí depositada su fe. Y eso puede ser lo que la hace especial.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me habéis hecho recordar muchos lugares,intactos y con más sol, muchas cosas