viernes, julio 31, 2009

La angustia

Horas de angustia. La cabeza entre las piernas. Parecían interminables. Se hacía de noche.
Una tras otras, todas mis esperanzas de salir del hoyo donde estábamos metidos se iban rompiendo.
Creía respirar cada vez con más dificultad.
Pensaba en cosas agradables: mi familia, mis amigos, los niños... la Vida. Y en mitad de la agonía, la revelación llegó como la luz blanca que tiró a aquel santo del caballo. Llegó incluso antes que el desenlace gracias al coraje de unos desconocidos a los que apenas entendía que se arriesgaron en el barro por nosotros.
Salimos físicamente de allí y yo decidí salir para siempre de todos mis hoyos.
Decidí apostar por la Vida, por la mía y por la que escribo en mayúsculas. Sé que es una apuesta antigua, que rescato ahora. Dice Grego que antes deberíamos tener un techo para cobijarla y a nosotros con ella.

miércoles, julio 29, 2009

Decisiva

Hay momentos en la vida que sientes que son importantes porque tomas decisiones que afectan al centro mismo de tu vida, que van dejando los surcos por los que puede que siga el camino. O no. En uno de esos estoy. Con un cosquilleo al que creo que algunos llaman ilusión y que tanto tiene que ver con la incertidumbre.
Cambios, cambio, cambios... todo para seguir siendo feliz.

jueves, julio 23, 2009

Pedradas

Sonaron fuerte. Contra la pared del juzgado de menores. Justo cuando la Guardia Civil sacaba en su coche a dos de los siete chavales que, supuestamente, han violado a una chica de 13 años de Isla Cristina. Las tiraron desde la otra acera sus familiares que corrían a esconderse todavía más rápido que nosotros para evitarlas. En estos días no paro de pensar que hay pedradas peores que la que estuvo a poco de partirme la cabeza. Las tiran personas que nunca se llevarán una por hacer guardia a la puerta de un juzgado. Son más profundas y no se solucionan con unos puntos y un poco de betadine porque lesionan el alma y la integridad de los seres humanos. Que pase esta barbaridad dos veces en apenas unos días (Isla Cristina y Baena) sacude el centro mismo de nuestra sociedad, derriba nuestras seguridades y rompe pactos básicos de convivencia. La familia, el sistema educativo, los medios de comunicación... todos caemos arrastrados por esta atrocidad que todavía nos tiene con la boca abierta y el corazón encogido. En el barrio de la chica, los programas de las televisiones, públicas y privadas, que más tiran de los sucesos habían desplazado hasta el lugar a sus mejores reporteros. Habían logrado hablar con la madre y ahora lo hacían con todo el que quisiera. Unas vecinas que no sabían nada, un quiosquero manco que pedía su cheque... Todos valen cuando vale todo. Y, claro, luego llegan las pedradas. Esas llegan para todos. Hasta para los que intentamos no ampliar nuestro share con estos temas. Hasta para los que vamos con pies de plomo en este tipo de cuestiones. Hasta para los que creemos en un mundo regido por reglas más complejas que el maniqueísmo imperante en estos programas amarillos... Bueno, para todos no. Todavía no he visto yo a ningún programador, a ni un sólo responsable de contenidos, con la cabeza abierta de una pedrada. Cierto cine que consumimos (como Mentiras y Gordas, la película de la que más se habla en los recreos escolares), las series de televisión para adolescentes que arrasan (Como Física o Química, en la que algunas de sus protagonistas han sido ingresadas por sobredosis o violadas), el tratamiento que se les da a los sucesos en algunos medios (a todas horas y sin restricciones horarias, prevaleciendo el valor del suceso por el suceso, sin entrar en otras cuestiones) son sólo algunos de los ingredientes de la gran receta de mierda que se han comido los siete chavales que le han abierto las piernas por la fuerza a esta disminuída psíquica de trece años. Y, por encima de todo, las enormes dosis de machismo que encierra este suceso. Son niños que se creen hombres que pueden conseguir el sexo por la fuerza. El sexo por el sexo. La mujer como objeto sexual. Y nada más. Ahora habrá que contarles que el mundo es muy diferente a como ellos pensaban. Hablarles de respeto, de derechos, de convivencia y de vida. Habrá que empezar de nuevo con ellos. Y con ellas también... Tenemos un problema.

jueves, julio 16, 2009

Carmen

Nunca es que hayas sido tú muy marinera. Siempre has tenido los pies bien pegados a la tierra. Y la cabeza puesta en nosotras. A menudo te exijo que pienses más en tí. Debes hacerlo para sobrevivir. Ya lo sabes. Hoy es tu día. Lo dice el calendario de los cristianos. El latín, que fue de los romanos antes que de la iglesia, le da a tu nombre un sentido que a mí siempre me gustaba más en mis clases de instituto. Carmen-carminis: Poema. En la ciudad de mi hermana, tu nombre habla de preciosas casas con jardines y huertos. Tú tienes bastante de esas dos cosas: de casa y de poema. Felicidades.

miércoles, julio 15, 2009

Juicios

Que todo suele ser más complejo de lo que vemos a simple vista es algo que sabemos casi todos los que intentamos arrascar más allá de la primera intención. Esta mañana se ha celebrado el juicio por el robo y homicidio de un hombre que vivía en la calle al que mató a palos un chaval de 17 años. La que fuera su mujer y sus dos hijos han bajado desde Barcelona para asistir al juicio.
Los periodistas volvíamos a hacer espera en la puerta. Esta vez han sido unas cuatro horas que han dado para mucho. Primero para escuchar las dudas de una de mis compañeras sobre la conciencia de unos hijos que permitían que su padre viviese en la calle. Y más tarde, cuando el tiempo ha ido pasando, la espera se ha hecho interminable y tanto implicados como periodistas han ido apagando un cigarro tras otro, ha pasado lo que pasa tantas veces: que rompemos la barrera invisible que nos separa y he terminado escuchando los recuerdos que conserva su hijo de un padre con el que, según él, ha compartido todos los años de su vida hasta hace muy pocos, cuando el ahora fallecido decidió seguir buscando trabajo por todo el pais.
Dice que a menudo les llamaba y les contaba que estaba bien y currando. La realidad era bien distinta: el padre vendía ramilletes de flores en la calle Concepción y dormía en unos soportales que huelen a orín y vino tinto. Pero era conocido y querido por muchos en Huelva, tanto que la jueza se ha puesto a llorar en mitad de la vista.
Fuera estaba yo, en un banco de hierro a las puertas del juzgado de menores, escuchando a su hijo, que ya es padre de cinco niños y que no ha podido reprimir sus lágrimas al pensar que su padre no ha podido conocer a los mellizos que esperaba su mujer cuando ocurrió todo. A ella la ha llamado por teléfono y le ha contado en español cómo iban las cosas. A ellos les ha hablado en catalán con el tono paternalista que ponen los padres y que traspasa mi desconocimiento del idioma. Y no me ha parecido ningún mostruo al que haya que achuchar las nubes que puedan ensombrecer su conciencia.

viernes, julio 10, 2009

Mi vida como pez

En mi vida como pez no existen tegucigualpas, ni revueltas chinas, ni presentaciones de futbolistas multimillonarios ante aficiones pre-eufóricas. Tampoco cumbres de poderosos ni toros corneando a corredores. Nada de eso existe en mi vida como pez, en un lugar debajo del agua a medio camino entre lo real y lo onírico. Los peces pasan por encima y por debajo de mi cuerpo y yo les alargo mis manos a las que ellos no hacen ni caso. Los hay de mil formas y mil colores y sumerjo mi cabeza y corro tras ellos sin éxito. Una estrella de mar rojísima, un pez que se arrastra por el suelo y parece arena, los erizos pegados a las rocas… Ésa está siendo mi compañía estos días debajo del agua. Fuera de ella, el Ser Humano, hermanado con la naturaleza y volviendo a formar parte de ella sin artificios. Otra vez, Cabo de Gata. Porque hay que cumplir la palabra dada a los sitios a los que prometiste volver.

lunes, julio 06, 2009

Silencios de Ávila

Ávila es pequeña y silenciosa. Cerrada sobre sí misma. Hecha de piedras dispuestas por la Historia para que la cuenten. Para que hablen de ella como lo hacía la guía con la que me acompañaba. Como estar dentro de un libro. Cuando la saqué de la biblioteca no pensé que iba a ser diferente a las otras asturianas, pero lo ha sido.
Como la catedral cerraba a las cinco hemos dado un paseo por esta ciudad dentro y fuera de la muralla. La Iglesia de San Vicente, llena de leyendas que me iba narrando la guía que leía (editada en los años 80 y escrita por dos abulenses fervientemente religiosos y muy conocedores de su ciudad. Así, al menos, me los he imaginado yo): Que si una mula que portaba los restos de un santo y que dejó su huella marcada en una piedra, que si un sepulcro sobre el que juraban los condenados antes de los Reyes Católicos, bajo la superstición que su brazo quedara seco, que si un pórtico con casi tantas lecturas como el de la Gloria compostelano...
También fuera de la muralla, los Cuatro Postes. Un mirador privilegiado de esta coqueta ciudad del que mi libro contaba que allí logró parar el tío de San Teresa las ansias martirizadoras de la santa y su hermano cuando eran unos críos.
Cuando he salido de la leyenda, la ciudad segía delante y yo dentro de ella. He vuelto a traspasar las murallas y no he podido resistir la tentación de comprarme unas yemas cubiertas de chocolate en una preciosa y señorial confiteria, que no llega a ser tan señorial como el hotel en el que nos alojamos por apenas 60 euros esta noche con desayuno incluído: Palacio de Valderrábanos, delante de una catedral que tendremos que esperar mañana a las 10 para verla por dentro. Lo haremos. Seguro que vale la pena.

domingo, julio 05, 2009

Asturias: DE CINE

Santillana del Mar y yo escéptica. Sólo un grado por debajo que cuando estoy en un parque temático. Pero es cuestión de matices. Me empiezo a creer que todo es verdad y que es medieval cuando dan las cuatro y entramos en el claustro de la colegiata. Suena una grabación que, columna a columna nos explica a los visitantes cada pincelada de la historia desde hace más de siete siglos. Me lo creo del todo cuando suena el teléfono y en la voz de mi madre escucho su recuerdo de un viaje de instituto: "Santillana eran ruinas. Dentro de los palacios lo que había eran vacas. El pueblo hedía a boñigas y las vacas andaban tranquilamente por la calle". Le cuento a mi madre que todo ha cambiado, tanto que creo que Santillana es la localidad de España con mayor densidad de resturantes, hoteles y paradores. Pero la verdad es que es preciosa, sea o no un escenario que parece cartón-piedra.
Siguiendo la línea del mar llegamos a Llanes. Está muy de moda porque sirve de escenario natural a algunas series y películas (Garci es uno de sus incondicionales). Supera mis expectativas, a pesar del día gris y lluvioso que nos recibe. Los cubos de colores, a lo lejos, son una anécdota comparados con la belleza del mar entre las rocas. Grego se guarda una piedra en el bolsillo. Me cuenta el secreto: parece que tiene escrita una A. Una A de Asturias. Es nuestro último día en estas verdes tierras y creemos que la piedra es la última de las sorpresa, hasta que la intuición nos lleva a Niembro y Barro.
Es una pena que la marea esté baja. No importa. El paisaje es sobrecogedor. El mar se adentra en una especie de marisma y entre las barcas emerge una iglesia. Lo que le da la apariencia tétrica es el cementerio que la rodea, con esos panteones tan diferentes a los que tenemos en Andalucía. Un paisaje tan gris y tan frío que parece que estés en una película de miedo.
Llegamos a Llenín. Es la última de nuestras noches asturianas. Cierro los ojos. Ha sido un día de cine.

sábado, julio 04, 2009

Asturias: BARRANQUEANDO

Dicen que en el cuerno de África, en una isla volcánica, hay un barranco de grado siete de dificultad. Hasta que lo encontraron los franceses los niveles iban del 1 al 6, el “extremadamente peligroso superior”. Éste nuevo barranco africano, que apenas lo han recorrido un centenar de personas y que tiene rappeles de hasta 300 metros, aguas vivas que te estrellan contra piedras y se tarda tres días en recorrer, recibió la curiosa catalogación de “abominablemente peligroso superior”. Nos lo contó uno de los guías con el que recorrimos el Vallegón, un barranco de nivel 2 que para mí ha sido tan abominable, o más, que el africano. Esta catalogación se parece a las técnicas de publicidad que emplean los que ponen nombre a las maquinillas de afeitar o los detergentes, que hace ya varias generaciones de productos perdieron de vista el punto de referencia y ahora inventan el plus, ultra, mega, super… y a veces todo junto para lanzar los nuevos productos. Éramos un grupo de diez, tan parecidos a esos que salen en los programas de aventuras de las cadenas privadas. Cuatro canarios (dos hombres adultos, un niño y una niña, que resultó ser la más valiente de todos los expedicionarios), tres amigos de Madrid (unos chavales de 20 años, uno de ellos scout, preocupados por conocer los sitios de marcha de Oviedo), una pareja andaluza (nosotros, dos novios de un pueblo de la Sierra de Huelva que acudían por primera vez a Asturias y que se las daban de modernos con esto del barranquismo) y una chica de la tierra, de Ribadesella (que tras insistir durante años a sus amigos para que la acompañaran, decidió aprovechar sus vacaciones y hacer esta locura en soledad). Los guías: un leonés y un asturiano de acento cerrado que llamaba por su nombre a todos los que íbamos encontrando por el camino.
Todos llevábamos algo de miedo, pero sin dudad era yo la que más lo manifestaba. Mis palabras, mi cara y mis carcajadas histéricas me granjearon pronto la solidaridad del resto del grupo, muy importante cuando llegó la hora de la paciencia y el cuerpo se me paralizó ante un salto de tres metros. No puedo, no puedo, no puedo… Ellos jaleaban mi nombre desde abajo y tocaban las palmas: “No meterme presión, cabrones¡¡¡¡… perdón” (el niño me miraba un poco alucinado) Y en verdad no podía, hasta que pude, di un saltó al frente y caí a una poza profundísima mientras gritaba. Hubo más momentos de pánico en esta tarde que resultó ser de las más desestresantes de mi vida: bajamos por cuerdas, descendimos por piedras resbaladizas, nos deslizamos por unas especies de toboganes naturales… Y cuando ya parecía que quedaba poco para la salida y empezamos a ascender ladera arriba agarrados a una cuerda, a Grego se le fue el cuerpo y quedó suspendido sobre un vacío de cuatro o cinco metros. Arrastró con la chica de Ribadesella y conmigo que caímos al suelo. Es fuerte, logró no caer y salió de ahí. Los guías, uno al principio de la comitiva y otro al final, no vieron nada. Se lo contamos después y se quedaron con la boca abierta. Hay que tensar más esa cuerda…
Cuando eres una cateta como yo y haces esta gilipollez del barranquismo, sientes que desafías a la evolución humana que creó para nosotros un sofá, una tele y un mando a distancia para que no acudiéramos más al corazón de los ríos a dar por saco a la madre naturaleza. De todo te olvidas cuando terminas y, al desprenderte del pesado traje y del ridículo casco, te sobreviene una agradable sensación de bienestar.
Por la noche, mientras cenábamos pulpo y quesos asturianos en Cangas de Onís, no había nadie a este lado del Puente Romano más seguros de sí mismos que estos dos advenedizos “barranqueros”.

Asturias: RIO ABAJO

El curso del Sella tiene que parecerse a como Tolkien ideó la Tierra Media. En medio de lo verde, del aire y de la humedad hecha gotas que te mojan la cara y el pelo. Pequeñas islas de cantos rodados sirven de parada para los que, como nosotros, nunca antes dimos una pala al agua. La hora del bocata. Y de las risas.
Uno… Dos… Uno…Dos… Han sido unas cuatro horas de trabajos en una canoa que se presuponían coordinados, pero que no lo han sido. Apenas han servido de nada la decena de años de esta relación en la que creemos que tan bien nos conocemos (y nos compenetramos). A la hora de remar, cada uno lo hace a su aire. En la canoa yo era el motor y Grego, el director. Fuerza y dirección. Nos hemos chocado un par de veces y hemos encallado otras tantas. Pero hemos salido airosos, cansados, mojados y felices.

Asturias: PARALELOS AL MAR

Ésta es la gaviota amaestrada. Espera desde siempre a un vecino de Cudillero que le da comer. No sé si todos los días, de ahí su fidelidad, o todos los años, por las fiestas de L´amuravela. Él acude a su encuentro sonriéndole y nos cuenta que le espera porque le trae comida, desde hace años. Nos cuenta también la leyenda sobre la fuente en la que tenemos que bautizarnos para ser de este precioso pueblo escalado y bañado por el mar. Mientras le escucho siento que me tiemblan las piernas. Llevábamos ya un rato descendiendo escalones. Parece que nunca llegamos a la plaza llena de terrazas y colores. Hasta nosotros llegan los ecos de la orquesta en sesión vermú. Es el último (quizá penúltimo) día de las fiestas.
Nos sentamos a comer: menú a base de arroz con bogavante y lubina. 12 euros. Volvemos a subir escaleras. Sístoles y dástoles aceleradas. Me arrepiento de no hacer nás deporte. Descanso en el coche camino de Ribadeo, primer pueblo de Galicia. Allí la inmensidad del mar y la piedra se hacen uno en la Playa de las Catedrales que, en bajamar, es el más bonito de los paisajes litorales.
Nos da tiempo a pararnos, a hablar, a ordenar ideas y prioridades. Nos da tiempo hasta a recordar. La vuelta a casa la hacemos por Oviedo y paramos en Cangas de Onís. Por fin el puente de las fotos, ése del que lleva Grego hablando todo el viaje. El Puente Romano, cientos de veces reformado y millones de veces atravesado. Es más grande de lo que parece.
… Y la sidra. Nos la escancia un camarero negro con acento sudamericano. También a los chigres llega la multiculturalidad. El chico lo hace muy bien y a mí me sabe la sidra a gloria. Fresca y oxigenada. Hemos leído en un libro que hay que beberla rápido y tirar el culín. Lo hacemos y sentimos que participamos en una tradición centenaria. ¿La cuenta, por favor? Una botella de sidra, escanciada vaso a vaso para dos, 2,20 €.

Asturias: EL AGUA

Hay una leyenda sobre el agua de la fuente a los pies de Covadonga. Habla de amores y bodas, o algo así. La bebimos. Hay un puente (en realidad varios) sobre el Sella que se parece mucho a esos de las películas que siempre terminan cayendo (y los buenos salvándose). Lo anduvimos.También hay una playa, de las más bonitas que he visto nunca, que se parece a cómo yo imaginaba Venecia cuando leía a Tomas Mann.
Ribadesella es indiana, elitista, exquisita y preciosa. No podía elegir el Sella mejor sitio para perderse en el mar. También es cambiante, según en la orilla del río por la que pasees. Comimos en la derecha, que nos recordaba a una villa medieval, con puesto de frutos secos incluido. A la hora de comer: fabada y filete al cabrales para Grego y Pasta al cabrales y pantrucu (una morcilla típica asturiana) para mí. Paseamos después por la playa de la Marina, testigo del resplandor aristócrata de esta playa en la que apenas podíamos ver nada cuando la niebla lo cubría todo. Cada dos o tres minutos. El sol nos cogió tan desprevenidos que nos quemamos. Entre una orilla y otra, las barcas abandonadas, decadentes y preciosas.
De vuelta a la carretera, una curva, otra, otra más… hasta que se nos abrió la boca. La Basílica de Covadonga emergía entre las montañas y los árboles. Allá a lo alto, vacía de virgen alguna. Es lo poco que recuerdo de aquel viaje de mis quince años.
A Grego le dejó sobrecogido el entorno de Covadonga y la cueva de la Virgen. Recordaba la Peña de Arias Montano, con sus semejanzas y diferencias. A mí me dejó igual una señora muy delgada, con gafas oscuras, que no paraba de llorar en la cueva. Un sacerdote con sotana y alzacuellos vigilaba que todo estuviera en orden. La cueva me volvió a parecer, como hace más de once años, pequeñísima para toda la gente que tiene aquí depositada su fe. Y eso puede ser lo que la hace especial.