domingo, junio 14, 2009

Sorpresa Negra

"Tenemos sobres de sorpresa negra". Es lo que pone en un folio pegado en las ventanas de las tiendas de chucherías de Huelva. Debe estar haciendo furor entre los choqueros más pequeños. Yo, cuando veo esos anuncios artesanales, no puedo evitar pensar en lo multirracial que se está volviendo esta tierra. Ayer, por ejemplo, la playa de Mazagón lo era. De los muchos ecos que llegaban hasta mi toalla, apenas una pareja de españoles con un niño pegado a una Nintendo. El resto, una pareja de marroquí y rumana, unos amigos africanos, otra familia con niños y los esquivos senegaleses que entraban y salían de mi campo visual sin tener certeza en toda la jornada de en qué punto de la playa se encontraban. Las marcas de las camisetas en sus pieles hablan de las ocupaciones que tienen en este país del que muchos ya formarán parte para siempre.
En unos días se marcha uno de ellos. Compartimos con él una calurosa cena la noche del sábado en un piso abarrotado en el que todos los invitados acabamos charlando en el balcón. El supernegro, mi amigo Ba, que en realidad no es vendedor de collares y anillos sino soldador, me enseñaba en su móvil las fotos de su hijo de cuatro años. Lo tuvo con la mujer que para él eligieron sus padres, pero a la que él no quiere (a pesar de las súplicas de ella que le llama llorando para que vuelva a Dakar y retomar su vida juntos). Cuando Ba se vino a España hace más de un año se separó de ella y el niño pasó a vivir con los padres de él. En su país, los niños son de los padres y las niñas de las madres, por eso no viene a España con él la mujer que él ha elegido, la que se convertirá a su vuelta en su segunda esposa, porque tiene que quedarse con su madre.
"Si tuviera papeles, trabajaría aquí un año y con lo que ganaría, podría montar una fábrica grande en Senegal y mantener a mis dos mujeres". Me decía con su español atropellado, el noveno de los idiomas que habla a sus 26 años. Yo le hablé de 2.005, cuando el Gobierno español abrió la mano y permitio la regularización de muchos como él y de las pocas probabilidades de que volviera a darse un escenario como ése, más con los tiempos que corren.
Ba no entiende de crisis. Él lo que controla de verdad es el calor que pasa en las playas intentando vender su mercancía y del poco dinero que consiguió en El Rocio, donde no piensa volver. Por debajo de nuestro balcón pasaban algunos de sus compatriotas. Se dirigió a uno de ellos en un dialécto diferente al suyo. Aunque no entendía lo que decían, la cara del de abajo daba muestras de la sorpresa que le causaba verlo en una casa rodeado de blancos. Cuando pasó otro le dije "Mira, ahí traes otro amigo". "No lo conozco.-me dijo- ¿Acaso conoces tú a todos los españoles?" Y tuve que sonreir ante su ocurrencia y mi propia gilipollez.

2 comentarios:

M Mar dijo...

Interesante blog, te sigo...
Un saludin

Anónimo dijo...

Sin ir más lejos tenías una argentina en tu toalla quien afortunadamente la marca de su ocupación no la tiene en la piel si no bordada en la camiseta y que más que probablemente se quede en este país para siempre, aunque nunca se sabe...