domingo, junio 28, 2009

Parada en Salamanca

Diez u once horas son demasiadas para pasarlas encerrados en un coche. Cualquier excusa era buena para volver a Salamanca y, de camino, mostrarle a Grego algunas de las cosillas de las que me acuerdo cuatro años después de aquel divertido viaje cultural-iniciático con el que pretendíamos reirnos de las tristezas. Y lo conseguimos.
Entre las cosas que no recordaba, la localización de la puñetera rana y los sablazos que te meten en la Plaza Mayor. Pero vale la pena por todo lo demás. Por los aires ilustrados, por los paseos entre paredes amarillentas de piedra, por las calles, por la comida y por la preciosa catedral que desde fuera impone y desde dentro asciende. Mientras escribo, Grego habla por teléfono con su madre: "Salamanca es chulísima". Y yo sonrío y pienso en lo mucho que vale la pena esta parada en nuestra ruta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esta vez hay mucho más color...y eso que no sale el arcoiris. Besos a los dos. Que disfrutéis.