miércoles, junio 24, 2009

Aserrín, aserrán...

Estaba tan contenta que no paraba de repetir "Esto tiene que parecerse mucho a la Felicidad" mientras llenaba mi copa de exquisito vino blanco del Condado. Decidí esperar la llegada de mis amigos en un precioso chiringuito de madera con sillones de mimbre y cubatas en anchas copas. Cada vez quedaba menos y yo no paraba de sonreir. Cuando llegaron todos, yo ya estaba tan borracha que no me daba cuenta ni de que lo estaba. Creo que la alegría hizo todavía más efecto que la ginebra, aunque la primera sea inodora y la segunda nos delate. Decidimos meternos en el agua y ví como la manecilla pequeña llegaba a las diez. Una experiencia de otro mundo: el agua calentita y la cabeza en otra dimensión: la de la amistad y las risas. Todavía no era de noche cuando se encendió nuestra hoguera y tuve que saltarla. Lo hice sin pensármelo, en bikini y medio mojada, pero es verdad que purifica. Yo lo estaba tanto que le recordé a mis amigos los mucho que los quería. Lo seguí haciendo mucho después de dejar de beber. Y cuando más a gusto estaba y menos quería irme, el cielo se llenó de colores y Abril, a sus dos añitos, descubrió las mil y una formas del fuego y me hizo comulgar con su ilusión. También, para mí, ésta ha sido mi primera noche de San Juan. Nos mojamos los pies y no pedí ningún deseo. No tenía derecho a pedir más Felicidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué tajá...y qué resfriao...y qué bien lo pasamos...