jueves, mayo 21, 2009

Seguridades y poesía

Hubo un tiempo en el que cultivar una amistad no era fácil. Había que correr ciertos riesgos. Lo cuenta Luis García Montero en su nuevo libro sobre Ángel González. Entonces, a los amigos había que esconderlos en casa poniendo en peligro la vida de uno. El otro día, en la playa, sentí vertigo. Iba a la orilla a llenar el cubo de la hija de una amiga y sobre nosotras sobrevoló un señor con un motor y una lona. Entonces miré a la niña y pensé: "Cuando sea mayor, podrá contar que tuvo una infancia de hombres que volaban". Y ahí llegó el vértigo. La veía correr desde atrás, con todos sus dos años y todos los que le quedan por delante y pensé en otros tiempos de libertades y seguridades que acabaron truncadas. Guerras, dictaduras, crisis... esa niña y todos los niños del mundo, y hasta yo misma a mis 26, podemos estar viviendo unos años de tregua segura en los que podemos hacer y decir lo que deseemos con el estómago lleno. Puede que algún día, no permita la Humanidad que pase, tengamos que demostrar nuestra amistad de la más comprometida de las maneras. Mi casa está para mis amistades. Mi vida también. Para cualquiera que corra peligro por sus ideas, sean del color político que sean, el día nefasto en que se rompan las seguridades.
(Esta canción de Sabina se la canto siempre a los niños. Jajaja)

1 comentario:

Miguel dijo...

me doy por invitado. (Y no dejes de cantar, por favor).*