lunes, mayo 25, 2009

La batalla

Como en este dibujo que acabo de robar de internet. Lo emocional y lo racional en batalla constante. Le pasa al común de los mortales, que andan todo el día reprimiéndose uno de los dos impulsos, uno más impulso que el otro. A mi también me pasa y es duro mantener el equilibrio. Yo hace tiempo que ni siquiera lo intento y acabo siempre arrasada por una descarga emocional que me hace, supongo, ser como soy.
Hoy le decía a mi amigo que me cuesta contestar una mentira cuando me hacen una pregunta. Eso es emocional, por ejemplo. Eso y lo de intentar que los que me rodean sepan siempre lo bien que me hacen sentir. Lo de que se den cuenta los que me caen mal, también es emocional, aunque ahí se esfuerce el cerebro en maquillarme los rasgos de la cara, sin resultado.
En la mayoría de las personas, el esfuerzo lo pone siempre el cerebro, aunque hay a quienes ni les cuesta a base de haber reprimido al corazón durante años.
La mayor gozada es cuando dejan la batalla. Cuando bajan los brazos que tenían en guardia y deciden abrazarse. A veces pasa: con un amigo, con una amiga, con un libro, con una peli, con un paisaje, con una canción, con una sonrisa, con un camino, con un momento, con un detalle, con un sabor...
Tengo la suerte de que estos días se están dando muchos abrazos y se mezcla lo racional con lo emocional y cuento las cosas con más pasión, y me canso, pero estoy satisfecha. Y pregunto las cosas que quiero saber y escucho lo que me interesa. Y recibo regalos que me confirman apuestas y me hacen sonreir (regalos que saben a buena literatura y a vino moscatel).
También se abrazan en las páginas del libro que leo estos días: Persépolis. Un comic. Una experiencia vital. Más que recomendable para todos los que alguna vez creyeron en la libertad.

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