lunes, mayo 04, 2009

Conversaciones con mi limonero III

Apenas son milemétricas y pocas, pero es que de verdad me parece que tus flores llenan de vida mi balcón. Te miraba después del almuerzo, mientras tomaba café y hasta creo que te sonreía. Quizá también me sonreías tú a mí, precioso limonero completamente reconciliado con la vida. Los gemidos de mi vecina de arriba vinieron a ponerle la banda sonora a una escena que en absoluto era sexual, ni sensual, ni erótica hasta ese preciso momento. Podía verla apretando su boca contra una almohada incapaz de sofocar sus repetitivos compases de placer. No me fui del balcón. Prefiero ese sonido a otros muchos: el de los coches, el de los hierros, el de las bocinas, el de la gente que grita a los niños, el de la gente que se grita entre sí, el de la gente que grita, en general. Los gemidos de otra no son tan mal sonido, al fin y al cabo. Mucho más agradable que el de los muelles, desprovistos, como están, de naturaleza humana. Los gemidos suenan a humano, a hombre con mujer, mujer con hombre, hombre con hombre o mujer con mujer. Quizá juntos y a la vez formando un todo tan poliédrico como la propia naturaleza del Ser Humano. Lo Bueno y lo Malo, si es que alguna vez existieron, dentro de un mismo individuo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta!! me estoy imaginando la escena...con aroma a azahar de un limonero de fondo...

Un beso, Pirfa.