miércoles, abril 29, 2009

Una droga para el amor

El perfume debía llegar hasta la puerta del cuartel. Lucía y Julián entraron delante en la sala donde iban a dar la rueda de prensa. Entré tras ellos. La libido se me subió hasta las orejas. Creía que era debido a un Seprona morenazo de los de las filas de atrás. Saludé a todos y todas. Estaban más sexys que nunca.
Muy bien ordenados, delante de nosotros, unos frasquitos amarillos que escondían "la droga del amor". Uno de los guardias comentó que tuviésemos mucho cuidado de no tirar ninguno porque dentro la sustancia es líquida y causa su efecto por inhalación.
Seguro que algunos de esos cientos de botes tenía alguna fuga. No éramos capaces de parar las risas. No percibía el olor pero me imaginaba el aire pintado de matices morbosos. Más reíamos. Explicaban los agentes que esta sustancia, Poppers o droga del amor, empezó siendo utilizado por los homosexuales en los años 70, en Estados Unidos, donde todavía hoy es legal (como las metralletas). Es un vasodilatador que provoca deshibición y un efecto relajante. Fatal si se mezcla con Viagra. Tuvimos que resistir la tentación para no meter algunos botecillos en los bolsos y las chaquetas. Terminó la rueda de prensa, pero no las risas. A la salida uno de los Seprona de los de la fila de atrás se dirigió a nosotras para decirnos: "¿Os lo habéis pasado bien, eh?" Había en su cara un rictus lascivo. Quizá no, pero yo, a esa hora no veía más que lascivia. Aunque, claro, puede ser que ninguno de los botes tuviera fuga alguna. Puede ser que dentro de ellos no hubiera más que agua. No importa... He aprendido mucho, entonces, sobre el efecto placebo y carcajadas.

1 comentario:

pirfa dijo...

P.D: Julián Pérez puede ser uno de los mejores fotógrafos del mundo mundial (y buena gente, además, por haberme regalado su foto). El rubio que entorna el ojo al otro lado del objetivo es Josué Correa, otro fotero de categoría.