lunes, abril 06, 2009

Vaticinios

Salíamos de Torre Triana de una rueda de prensa de Griñán y le comenté a mi compañera Carmen (otra periodista de un pueblo de Huelva que, por entonces, también hacía política) lo que me gustaba este hombre. Tanto, le dije, que para mí podría ser el próximo Presidente de la Junta. Entonces Griñán pasó por nuestro lado y Carmen lo paró.
"Dile a él lo que acabas de decirme", me dijo Carmen. Me puse tan colorada que le repetí las mismas palabras como un papagayo. Él, tras una carjada, me soltó: "Acabo de cumplir 60 años y mi hija la pequeña me acaba de dar mi segundo nieto. Te aseguro que ser Presidente de la Junta no está entre mis prioridades". Todavía seguía colorada cuando se despidió con un beso y se montó en el coche oficial. Entonces era Consejero de Economía. Quedaban todavía unas elecciones que lo reafirmarían en su cargo y le daría una nueva vicepresidencia antes de que su nombre sonara en todas las quinielas y su cara apareciera en las portadas de las ediciones andaluzas de los periódicos de este lunes santo como el "virtual sucesor de Manuel Chaves". Y he tenido que acordarme de aquel día, hace ya tres años, que ahora, en la distancia, no pasa de ser una curiosa anécdota.

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