jueves, abril 16, 2009

Republicana

Yo nací republicana. También morena y con pies planos. Siempre lo fui y nunca me pregunté el por qué, como no lo hago por tener dientes o dos piernas. Son cosas con las que naces. Y punto. A medida que fui creciendo, y abriendo los oídos, me pareció entender algo de que no todo el mundo era moreno, ni de pies planos, ni tiene dientes, ni las dos piernas, ni es republicano.
Yo creía que sí, que era el estado natural del Ser Humano. Pero se ve que me estaba equivocando porque en este mundo también había personas que mantenían la vigencia de un régimen monárquico en una sociedad desarrollada. Luego aprendí que la monarquía era un anacronismo sin sentido y muy costoso que perdura a causa de la cobardía de nuestra clase política de "abrir" la Constitución. En mi pueblo, las personas que se saben enfermas de cáncer siempre tienen miedo a que las "abran". Es un miedo a lo desconocido, a sabiendas de que, si nunca lo hacen, pueden perder su propia vida. Eso lo aprendí después, lo del anacronismo. Lo que nadie me enseñó nunca es que esas personas con cargos reales, a los que nadie ha elegido para las funciones que desempeñan (y que jamás sabré cuáles son), levantan las pasiones de otras personas que se agolpan para rozar unas décimas de segundo unas manos reales. O casi. Y soñar con que estuvieron a punto de darles un beso. Por no hablar, claro, de la guardia pretoriana de la que se rodean que no dudan en enseñarte la culata de la pistola que esconden bajo su chaqueta para que te apartes. Eso lo aprendí más tarde, cuando tuve que contar mi primera visita oficial de la casa real.
Y aunque lo haya visto con mis propios ojos, mi mente no alcanza a comprenderlo. Quizá sea porque nací republicana. Pero no una de esas que vuelven la vista atrás y anhelan los espíritus de tiempos pasados. No. Yo soy una republicana de estos tiempos y estos espíritus. De estas tierras y estas gentes. Soy republicana también porque quiero lo mejor para todos, también para la multitud que le grita "guapa" a las princesas consortes.
¿Acaso deja la inteligencia ser otra cosa?

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